De banderas

16.10.2017 | 04:45
De banderas

Como parece imposible sustraerse a la tentación de escribir sobre Cataluña, quiero seguir los atinados consejos de aquel dramaturgo británico, el irónico Oscar Wilde, cuando dijo que la mejor manera de vencer una tentación es caer en ella.
Legalidad pues frente al ilegal procés y resistencia pasiva ante el aquelarre de banderas que han enfoscado nuestros balcones y ventanas, incluída la fachada de la Plaza Mayor. Un regalo para secesionistas con sentido del humor, si es que tal espécimen se da todavía en la crispada Catalunya. Nada menos que "la fachada" a buen entendedor....
Que conste que no soy equidistante, sino plenamente constitucional y partidario del respeto a las leyes. Pero responder a la marea estelada, insatisfecha a perpetuidad e imbuida de un discurso xenófobo, con una oleada bicolor de interminables vuelos nacionales resulta agotador.
Entrar al trapo de la invasión de senyeras aireando el paño rojigualda, hasta por la gigantesca vía lumínica, es tan cansado y reiterativo, como el abuso de afirmar nuestra procedencia y nuestro
orgullo patrio para oponerlo a los dislates de la secesión. La aparatosa escenografía resulta cuando menos pueril, excepto que se haga en las calles de Barcelona. Allí si tiene mérito y valor. Porque nuestro patriotismo local, a los que se quieren ir no los va a devolver al redil sino todo lo contrario y a los de aquí solo nos va a otorgar placeres parejos a la autosatisfacción juvenil.
No soy equidistante, ni participo de la eterna apelación al diálogo con la que muchos bien pensantes se quieren sacudir el problema de encima, no sé si como verdadera creencia o como acomodaticia solución para poder dormir sin discutir con la almohada, pero engalanar las ventanas con gallardetes y mosaicos bicolores,o sustituir las fotos personales de las cuentas de Whatsapp por banderas rojigualdas ondeando al viento de la pasión, produce una parecida fatiga que remite a los mismos airados gestos y banderas cuatribarradas de los carlistones independentistas catalanes. Que de ahí, del carlismo montaraz, vienen no lo olvidemos, las rancias raíces forales del nacionalismo vasco y catalán.

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