Por una recorma fiscal

15.10.2017 | 04:45
Joaquín Leguina

Aproximadamente el 90% de la recaudación del IRPF proviene de los bolsillos de los asalariados, mientras que los salarios no representan ni el 45% del PIB. La presión fiscal sobre las rentas más altas no ha hecho sino caer durante la crisis y poquísimos españoles declaran hoy ingresos superiores a 600.000 euros.
La tarifa del IRPF, es decir, el conjunto de los tipos impositivos, puede hacer pensar en una fiscalidad progresiva, pero como va acompañada de declaraciones muy bajas de los no asalariados dicha tarifa tiene escasa capacidad recaudatoria y convierte la progresividad en humo.
Por otra parte, el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades cayó en los primeros años de la crisis (el 18% en 2010, frente al 25% del año 2004) y también las recaudaciones: 44.832 millones de euros en 2007, 27.301 en 2008 y 16.198 en 2010, dejando el impuesto hecho unos zorros
¿Qué se puede hacer?
€ En general, es necesario acercar los tipos impositivos reales a los legales y permitir desgravar sólo con carácter excepcional.
€ Fijar a los directivos –auténticos virreyes- una retribución máxima compatible con la decencia (200.0000 euros anuales, que ya está bien) y lo que pase de ahí considerarlo una liberalidad del pagador, por lo que no deduciría como gasto en el impuesto de sociedades.
€ Las ganancias patrimoniales obtenidas en menos de un año deberían tributar en el IRPF con un tipo mínimo del 24% y uno máximo del 50%. Así mismo, en las sociedades y fondos que disfrutan de tipos impositivos inferiores al normal debiera aplicarse un 30 %.

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