Las tres Españas

08.10.2017 | 04:45
Julián Ballestero

Quien siguiera las imágenes de las concentraciones de ayer sábado en todo el país habrá llegado a la conclusión de que existen ahora mismo tres Españas enfrentadas: la de los nacionalistas, que quieren irse desde hace mucho tiempo y siempre lo han dicho a voces; la de los partidarios del diálogo, que se sienten españoles pero parece que les da vergüenza; y la de los españoles sin adjetivos, que han perdido el miedo a expresar sus sentimientos.
Antes había solo dos. Esos dos bandos emergieron en los últimos años del terror de ETA, a partir del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco. Allí estaban frente a frente quienes pedían el diálogo con los delincuentes/terroristas, y quienes defendían la convivencia en paz y la persecución y castigo de los criminales.
Pero los acontecimientos del 1-O han parido una tercera vía, la de los tibios y eso hace más débil al grupo mayoritario: el de los que queremos seguir viviendo en una España unida por la historia y por la Constitución.
Porque los otros siguen fuertes. El bando de los nacionalistas siempre ha tenido muy claros sus objetivos y ha avanzado tanto en los últimos tiempos que ha conseguido ponernos al borde del desastre. Es cierto que, tras la euforia de la farsa/consulta del 1-O y pasado el ´lunes de gloria´ en que medio mundo se mantuvo engañado pensando que eran las víctimas y no los verdugos, los golpistas catalanes han comenzado a dudar y han surgido las primeras grietas en ese monstruo de mentiras donde militan el PdCat, ERC, la CUP, la ANC y Òmnium.
El contundente discurso del Rey, el unánime rechazo internacional (tras las dudas inducidas por la desinformación sobre la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado, mesurada y adecuada al desafío tulmultuario de quienes les impedían hacer cumplir el mandato judicial), las primeras actuaciones judiciales contra los asonados y la espantada de las grandes empresas, han provocado que al monstruo separatista le tiemblen las piernas.
Pero no nos engañemos, porque en este proceso hacia el abismo no mandan los nacionalistas acongojados, en cuyos cerebros todavía permanecen algunas rebañaduras del ´seny´ catalán, sino los ´trabucaires´ más radicales, los grupos bolivarianos de defensa del referéndum, los miles de activistas cegados por la crianza en el odio a España. Y estos no van a permitir un frenazo, un momento de reflexión que evite la deriva hacia el abismo. Su ganancia, como la de los amigos podemitas de los líderes de la rebelión, está en el río revuelto y ninguna catástrofe será demasiado brutal para sus intereses.

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