P'alante la juerga

08.10.2017 | 04:45
Román Álvarez

Eso decía Robustiano, el de mi pueblo, a medida que iba dilapidando todo su capital y transformaba prados y tierras en fiestas, furrionas y convidadas. Los jolgorios tenían lugar en su casa una noche sí y otra también. De este modo, invitaba a todo el vecindario que, gozoso y gratis total, disfrutaba de la inacabable liberalidad del anfitrión. Lo tenía todo tan bien calculado que al poco de deshacerse del último huerto para convertirlo en vino, se murió.
Me imagino una felicidad parecida en la Cataluña republicana, donde sus gentes disfrutarán de las mieles del derroche a cuenta del resto del país, solo que Robustiano gastaba de lo suyo y no había robado a nadie. Sí, esa Cataluña a la que tantos emigrantes de León, Castilla, Extremadura o Andalucía acudieron a ganarse la vida y de paso a incrementar los niveles de riqueza de una comunidad que, al cabo, seguiría considerándolos charnegos españoles. Pocos catalanes, que yo sepa, hicieron el camino inverso, para ganarse el pan en la provincia de Soria, pongamos por caso; o en las de Zamora o Salamanca.
Sabemos que los charnegos conversos al independentismo son los peores. No hay más que ver al jefe de la policía autonómica, o a tantos Sánchez, Fernández o López como encabezan las redes organizadoras de algaradas.
Me decía un amigo que en su pueblo, como en el mío, hubo bastante emigración a Cataluña en los años sesenta y setenta.

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