Diálogo

07.10.2017 | 04:45
José Antonio Bonilla

Termina hoy lo que pudo convertirse en una segunda Semana Trágica. No fue así, gracias a la templaza y aguante de las fuerzas de orden público. El domingo, el día de referéndum, todos pudimos ver un padre irresponsable, en primera fila, con un niño a cascabelillas. Un policía, con amabilidad, lo quitaba del peligro. El miércoles tuvo lugar la huelga general, fue un éxito, cincuenta y nueve carreteras cortadas, los neumáticos ardieron, nadie los apagó, los bomberos estaban en la manifestación. La Sexta, trasmitió diecisiete horas, y repitió cómo los manifestantes destrozaban tres coches, secuestraban a 18 guardias civiles. La Guardia Civil es apedreada. Los agentes hospedados en distintos hoteles son continuamente insultados, y para más INRI, Enrique Millo, representante del Gobierno en Cataluña, en TV 3, pide perdón a los manifestantes en nombre de los policías.
A Rajoy le están pidiendo la derecha y la izquierda, que aplique el artículo 155. Se resiste a intervenir la autonomía. Las comunidades han emprendido una desaforada carrera, la catalana está a punto de descalabrarse, me recuerda a tres perros que corrían a gran velocidad en la Huerta de los Jesuitas, levantaban nubes de polvo y removían la tamuja del suelo. Uno se estrelló contra un pino, con estrepitoso golpe. Supe entonces, que los perros además de ladrar, arrufar, también lloran. Los separatistas han entrado en una absurda carrera canina. El objetivo es hacer saltar la unidad de España. El socialista Patxi López se pone cervantino: "el 155, no es el bálsamo de Fierabrás", y el PP no quiere aplicarlo sin el respaldo de los socialistas.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
anteriorsiguiente
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies | Política de privacidad