Morir de éxito

15.05.2017 | 04:45
Morir de éxito

Cientos de miles, tal vez millones de personas de todos los países, pelaje y condición, pasean cada año las Ramblas de Barcelona, una de las vías urbanas más concurridas del mundo, obligados por un rito iniciático inevitable, bajar hasta el mar desde la plaza de Cataluña, orillados por una abigarrada sucesión de floristas, saltimbanquis, timadores y "tutti frutti".
Tal es la abundancia de turistas en la ciudad, que sus habitantes, los barceloneses, han desertado hace muchos años de los escenarios más concurridos por los foráneos, por no darse de bruces con los jubilados de media Europa, con las manadas de chinos en tropel y por los cruceristas, que desembarcan por millares de los gigantescos trasatlánticos y cada mañana invaden el Puerto Olímpico, la Plaza Real y las citadas Ramblas.
La ciudad recauda un buen monto de dineros por darles de comer y beber o por venderles una gorra con los colores Barça, pero la mayoría de sus vecinos evitan si pueden todo contacto con lo que consideran hordas de extranjeros, que han desvirtuado la esencia de la ciudad hasta convertirla en un obligatorio Parque Temático.
Parecido fenómeno está ocurriendo en Ámsterdam, en París en Roma y en todos los enclaves turísticos del mundo.
Con el precio de los vuelos por los suelos- perdón por el paradójico pareado- y los alojamientos privados en oferta a través de Internet, donde por 50 euros al día se pueden alojar hasta cuatro personas.
Hay una saturación de turistas en muchos lugares que está provocando el hartazgo de los vecinos, ajenos a los réditos mercantiles de su estancia.
No es por fortuna todavía el caso de Salamanca, donde los forasteros y los guiris son recibidos como el maná, en un lugar como el nuestro, cada día más envejecido y flaco, pero en los paisajes urbanos que ocupan los turistas, calle la Rúa, catedrales, Universidad, ya casi nunca hay vecinos de nuestros barrios de paseo por aquellas maravillas. Tal vez en Salamanca el único punto de encuentro entre los foráneos y los locales sea la Plaza Mayor y los paseantes nuestros son en su mayoría gente de edad, porque los jóvenes salmantinos hace muchos años que no frecuentan ni las arcadas ni los bares ni las terrazas de la Plaza Mayor, que consideran territorio ajeno. Prefieren alternar por los paraísos de la panceta de la Calle Van Dyck, o por las terrazas de San Julián amorrados a los cubos de cerveza baratos.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
anteriorsiguiente
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies | Política de privacidad