La última mentira

17.09.2016 | 04:45
Susana Magdaleno

Si hay algo que reconocerle a los herederos de Germán Sánchez Ruipérez es que tienen imaginación y una facilidad pasmosa para disfrazar la realidad.
Apuntaron maneras cuando mientras desmantelaban el Centro Internacional Infantil y Juvenil que tenían en la calle Peña Primera, juraban y perjuraban que su objetivo era mantener su presencia en Salamanca. Cerrar y seguir para ellos era sinónimo, aunque se tratara de una patada clamorosa al diccionario y un revés a la voluntad de Germán Sánchez Ruipérez.
Para salir del paso ante tanta protesta de la sociedad salmantina por el cierre de un centro emblemático aludieron a esa "biblioteca sin muros", término con el que pretendían quitar hierro al cierre y también a la donación obligada de las 20.000 referencias que tenían allí entre documentos y libros.
La Fundación no dejaba Salamanca porque existe internet, venían a decir. No dejaban de dar servicio en Salamanca porque traían la "biblioteca sin muros". Nada más bonito para expresar la nada. Estaban en Salamanca igual que en cualquier otra parte del mundo pero con la enorme diferencia de que cuando vivía Germán Sánchez Ruipérez, Salamanca era la niña de los ojos de la Fundación y existía un centro físico, con trabajadores y una rica vida cultural y cuando ellos lo heredaron, acabaron con todo sin decirlo ni luego reconocerlo.
Pusieron fin a las tardes de niños en la biblioteca, a la colaboración con los colegios, hospitales, a la formación... Olvidaron que el mecenas Germán Sánchez Ruipérez quiso devolver a la sociedad todo lo que le había dado y que no fue casualidad que abriera el primer centro en Salamanca en 1985 y que cuatro años después el lugar elegido fuera su Peñaranda. Los herederos fueron del todo a la nada negando la huida.
Lo que ocurrió con el centro de Salamanca sólo al año del fallecimiento de Germán Sánchez Ruipérez y que desmintieron una y otra vez los herederos pese a la evidencia, ocurre ahora en Peñaranda, que era la otra niña bonita del fundador. Sólo cuatro años antes de morir lo había convertido en el centro de referencia de Castilla y León para la formación del profesorado -tanto activos como de estudiantes futuros docentes- y en una referencia cultural para la Junta de Castilla y León.

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