El tinglado de la antigua farsa

27.02.2016 | 04:45
Alberto Estella

El del Prólogo de "Los intereses creados", de Benavente, que recita Crispín, "€la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades populosas los más variados concursos€". Pues hela aquí de nuevo, casi 110 años después de su estreno, la farsa guiñolesca que recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos de la filosofía del pueblo, e ilustró después su plebeyo origen con la noble ejecutoria de Lope de Rueda, Shakespeare o Moliére. Lo ha dicho Rajoy, que el pacto PSOE y Ciudadanos "parece una comedia de enredo", un "simulacro de investidura". Y cuando Rivera le invita a sumarse, añade que "el PP no será actor secundario de un sainete". En suma, pantomima, mojiganga, farsa. ¡Pandilla farsantes!. No obstante, prefiero esto, la farsa política española „que espero no acabe en tragedia„, a andar recorriendo todas las tahonas de Caracas sin encontrar un mal bollo de pan para el bocata de sardinillas en aceite.
Y en medio del escenario una mujer porfiando con aquella "del pueblo español señora / que todo elogio merece / pues su mirar enamora, / que una rosa que florece / es Rita la cantaora". La Barberá tiene un aire a la Piquer, también valenciana, mechón blanco en lo alto. Su inmensa chaqueta sastre, metros de paño ¡tela!, inunda el escenario. Bajo sus solapas cabe el pecho inmenso de la ex alcaldesa, el estrecho del coleta morada pecho liebre, el tórax vermiforme de Errejón y el escurrido del argentino de la silla de ruedas. Rita entona su cantar, firme, ni dimite ni se lo piensa.

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