A propósito de pactos y fraudes

27.02.2016 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Estamos viviendo un episodio histórico, porque nunca antes en nuestra larga y procelosa Historia tuvimos una situación tan peculiar como esta, que tiene a España en vilo. Retos peores se han superado con voluntad y sacrificio, es cierto, pero aun cuando la situación actual es particularmente difícil e impera el salir de ella lo antes posible, ocurre que en el remedio está el inconveniente ya que quienes podrían sacar a España de la situación no están por la labor de hacerlo.
Confiamos nuestro futuro inmediato en unas elecciones, lo que salió de ellas nos lo complicó más, y desde el 20 de diciembre estamos sin Gobierno. Bueno, tenemos Gobierno, pero en funciones, por ello, con capacidad limitada para decidir en una situación en la que si algo necesita España es un Gobierno fuerte.
Los resultados que evidenciaban el descalabro de los dos grandes partidos (PP y PSOE) que habían venido alternándose en el Gobierno „descalabro que ninguno de sus líderes (Mariano Rajoy y Pedro Sánchez) reconoce„ han condicionado el desarrollo político de negociaciones y pactos hasta el día de hoy, en que después de muchos encuentros y desencuentros, nos encontramos con un acuerdo de legislatura entre PSOE y C´s de escasa consistencia y casi nulas posibilidades al no salirles los números para alcanzar la investidura por no contar con el apoyo de los imprescindibles (Rajoy e Iglesias), a quienes no les interesa que esta investidura llegue a buen fin. Cada uno por separado va a lo suyo con la idea de si sale mal sacar tajada de lo que venga después.
Mientras tanto, que España aguarde el tiempo que necesiten unos y otros hasta cuadrar las cuentas. Pablo, que esperaba ser el elegido por Pedro para intentar entre ambos formar ese Gobierno de cambio y progreso que pensaba vicepresidir, tendrá que esperar otra ocasión, porque ésta se le ha escapado. Si Rajoy quisiera la investidura saldría, pero no está en sus planes nada que no sea presidir él mismo un nuevo Gobierno, no por ser el candidato más votado, que lo es, sino por haber ganado las elecciones, triunfo del que no se apea. Si perder con relación a las anteriores generales casi cuatro millones de votos y sesenta escaños es ganar, entonces sí, Rajoy ha ganado, pero con una victoria pírrica que a cualquier triunfador haría pensar si seguir con el lastre de la precariedad o dejarle el muerto a otro, pero no. Esto supone el obstáculo a esta situación creada por el pacto que perjudica a los intereses de Rajoy y a los de Iglesias, convirtiéndose aquel en aliado de éste, porque ambos buscan lo mismo, que Sánchez y Rivera se den juntos el batacazo forzando con el fracaso de ambos nuevas elecciones.

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