Demasiada agitación

26.02.2016 | 04:45
Elena Sánchez

Se cuenta que a finales del siglo XVI, cuando Felipe II, el monarca con más poder del mundo, recibía alguna visita importante era muy frecuente que el personaje en cuestión se sintiera un tanto nervioso ante la presencia del hombre más poderoso de la tierra. Cierto que su porte era menudo, seguro que ya empezaba a encanecer porque los años pasan para todos pero la mirada inquisidora de sus ojos grises inquietaban a muchos. Si el rey se daba cuenta de su nerviosismo solía decir. "sosegaos". Mucho me temo que el efecto fuera el contrario. El sosiego implica calma, serenidad, paz€ todo lo que es preciso para tratar asuntos importantes. Todo lo contrario de lo que, con una paciencia que supera a la de Job, estamos presenciando los españoles entre la clase política que, lejos de estar compuesta por las personas más formadas de la sociedad, nos están demostrando tan nula capacidad que no merecen el puesto que les hemos propiciado con nuestros votos..
Hay quienes parecen „hasta físicamente„ adolescentes inmaduros que aupados a un lugar que les supera pretenden aplicar fórmulas caducas, unos, o criterios imposibles, otros, y que al contrastar la diversas posiciones, parecen más bien un choque de trenes en lugar de transmitir el sosiego que, en momentos turbulentos, necesitan los ciudadanos.

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