Noche de paz

24.12.2014 | 04:45
Noche de paz

Cien años se cumplen hoy de un conmovedor episodio protagonizado por soldados alemanes y británicos atrincherados en Flandes, cerca de las ciudades belgas de Ypres y Floegsteert, que por su cuenta y riesgo pactaron un alto el fuego para celebrar juntos la Navidad sin más garantía que el valor de la palabra: "si no disparáis, no disparamos". No hizo falta más, nadie disparó y comenzó la tregua.
Aunque breve, tuvieron tiempo para mucho. Salieron de las trincheras y se abrazaron, cantaron el villancico más universal que se conoce, todos a una y cada cual en su propio idioma... [Stille natch, Silent Nigth, dicho en cristiano Noche de Paz], rezaron juntos y un capellán escocés leyó el Salmo 23, que empieza: "Jehová es mi pastor, nada me faltará...", compartieron comida, whisky, tabaco..., se intercambiaron botones de los uniformes que se llevaron como recuerdo, jugaron un partido de fútbol que los alemanes ganaron por 3 a 2 y retiraron sus muertos para enterrarlos allí mismo.
Este episodio real que la historia recoge como "Tregua de Navidad" fue el triunfo de lo sublime de la condición humana sobre lo abyecto de esa misma condición, que tiene su mayor exponente en la aberración de la guerra, de aquella y de todas. Cayó muy mal en el Estado Mayor alemán, también en el Estado Mayor británico, que lo consideraron un gesto de debilidad y un acto de indisciplina y de insubordinación, castigaron a los responsables con todo el peso de la ley y desde entonces pusieron el máximo cuidado para que algo así no volviera a repetirse. Y no se repitió.
De aquella espantosa guerra, en la que, no obstante, se vivieron episodios entrañables como el de la tregua, paso a las batallitas que ocupan la actualidad de cada día entre lo digno y lo indigno, lo noble y lo innoble, lo moral y lo inmoral, la derecha y la izquierda, sí, la derecha contra la izquierda, la izquierda contra la derecha, la derecha contra la derecha y la izquierda contra la izquierda, que pone a prueba hasta donde da de sí el ser humano por un lado, por el contrario y contra sí mismo..., batallitas que me recuerdan la que le montaron a Jesús Posada en su primera Navidad como presidente del Congreso de los Diputados, cuando se le ocurrió la idea de felicitar con sus mejores deseos de paz, progreso y bienestar a sus señorías las fiestas con un christmas en el que aparecía un Nacimiento. Le armaron la de Dios es Cristo por semejante atrevimiento desde una izquierda casposa, rancia e intolerante, en la que si bien no creen en nada sin embargo se apuntan a todas aunque venga de lo que no creen, y la Navidad es un ejemplo, que felicitan con frases rebuscadas de Saramago, Neruda, Nietzsche..., ateos convencidos con los que se empeñan en convencer de que lo suyo va por otra órbita muy lejos de la que lleva la estrella de Belén, tomándolo como una cuestión de honor al sentirse heridos en lo más profundo cuando alguien con la mejor voluntad del mundo les felicita la Navidad como Dios manda. Otra vez Dios por medio, inevitable, detalle que lo dice todo de quienes, para ellos, Dios no es nada, por tanto, tampoco la Navidad.
Yo he pasado muchas Navidades lejos de la familia, todas ellas embarcado, casi todas en mitad del Atlántico y en algunas ocasiones capeando temporales. Desde que dejé de ser niño, fueron aquellas las más entrañables, porque se limitaban a lo esencial..., sin más.


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