La buena suerte de Salamanca

23.12.2014 | 04:45
La buena suerte de Salamanca

Esta mala racha no se puede explicar de modo alguno", dicen los entendidos sobre la poca fortuna que está teniendo en los últimos años una de las administraciones de lotería más afamadas de España, La Bruja de Oro, que es, sin lugar a dudas, la que más premios ha repartido junto a "doña Manolita" a lo largo de su corta historia, convirtién- dola en un clásico de la Navidad.
No en vano casi una quinta parte de los números que entraban ayer por la mañana en el bombo se habían vendido en la localidad leridense de Sort, que entre los años 2003 y 2007 dio hasta tres veces el premio Gordo un 22 de diciembre.
En Salamanca podemos decir lo mismo que en Sort: una mala racha inexplicable. Aunque en esta provincia ya ni nos acordamos si alguna vez el sorteo más popular del año nos permitió celebrarlo a lo grande, porque a excepción de los décimos despachados por terminal en 2012, nadie recuerda que se haya vendido el Gordo en Salamanca.
Dos décimos del segundo premio, vendidos en Salamanca y Martín de Yeltes, nos permitieron ayer albergar en algún momento que este año la suerte estaba de nuestra parte, pero no fue así. El Gordo se resistió a salir del bombo, pero como es habitual pasó una vez más de largo, aunque siempre nos quedará esperar a que "El Niño" se acuerdo de nosotros y si no, el topicazo: que tengamos salud.
El sorteo de Navidad tiene un encanto especial, muy diferente al de cualquier otro, incluso al de otros juegos de azar mucho más generosos en lo que a premios se refiere. La magia de cada 22 de diciembre está tal vez en la fecha o quizá en que es el único que tradicionalmente se comparte entre familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo, porque más allá de los premios tiene un componente de solidaridad, un toque de ilusión que llega al corazón de los más incrédulos, de los más duros, de los menos humanos y en el fondo, todos anhelamos ese espíritu de jugar juntos, de compartir algo, que es lo que ha querido transmitir este año el anuncio del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, en la que la historia de Antonio, el dueño del bar que reparte la suerte, nos ha hecho soñar, pero sobre todo, nos ha conmovido por la generosidad de su propietario.
Este año Salamanca tampoco ha tenido suerte en el Sorteo más extraordinario del año, pero ha demostrado a lo largo de estos 356 días de 2014 que sus habitantes tienen ese espíritu que rodea cada año el sorteo de Navidad: solidaridad. Los salmantinos, salvo desgraciadas excepciones, han demostrado que cuando se tienen que movilizar por una buena causa o para paliar las dificultades por las que atraviesan otros convecinos, lo hacen con una generosidad infinita. Lo demostraron durante la campaña de recogida de alimentos que a principios de este mes consiguió recaudar más de 200.000 kilos para que el Banco de Alimentos los distribuya entre las familias más necesitadas. Y lo demuestran cada vez que se pone en marcha una campaña solidaria.
Hoy me niego a destacar en esta columna los errores de la gestión de los que están al frente de las administraciones públicas, la parte más negativa de la sociedad actual o los efectos de una crisis que no es solo económica, sino también social y moral. Una vez al año quiero olvidarme de unos pocos políticos corruptos, de unos cuantos empresarios desalmados y de algún que otro chorizo que acaparan cada día los titulares de los medios de comunicación.

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