Que la providencia reparta suerte

20.12.2014 | 04:45
Que la providencia reparta suerte

Metidos de lleno en la vorágine navideña que se cuela por todos los poros y llena todos los ambientes, ya solo queda el esperadísimo sorteo de la Lotería para la gran fecha del acontecimiento que conmemoramos y celebramos con estas fiestas a las que por una, otra o ninguna causa se apuntan todos, creyentes y no creyentes. Estos argumentándolas en el solsticio, o sea, en la llegada del invierno, para no privarse del asueto ni de ninguno de sus muchos atractivos. Lo que les faltaba, que por descreídos se quedaran sin saraos ni regalos. Aquí, o todos o nadie, así que, puestos a elegir, todos. Es momento de compartir alegrías, aunque no sé qué alegría puede aportar la llegada del invierno hasta el punto de celebrarla por todo lo alto. Bueno, como hay gente para todo, se entiende.
Mientras tanto, la Navidad ya se vive, se disfruta y se sufre, qué le vamos a hacer, estas fiestas dan pie todo, tienen sus momentos, son como son, traen lo que traen y no hay nada que hacer. Y a la espera estamos, ya entre luces, adornos, belenes, papanoeles, villancicos y compras, porque la Navidad no se concibe sin nada de eso, menos todavía sin compras. Por ahí va la animación y no parece que de momento vaya mal. La crisis se nota, porque ahí está y aún tendremos crisis para rato, con sus pequeños brotes que ya comienzan a verse.
Como se huele que algo ha comenzado a cambiar respecto a años anteriores y el cambio es a mejor, el comercio adaptar su estrategia, adelanta las rebajas y las ofertas con la esperanza de aprovechar el tirón del cambio y estar a la altura de unas circunstancias que invitan al optimismo. Además, la hostelería „que con el comercio son sectores muy sensibles a los vaivenes del hombre de la calle y los que con mayor rapidez y más directamente detectan las consecuencias, siendo por tanto una buena referencia„ se prepara para una campaña de comidas, cenas navideñas y cotillones que se adivina excelente porque ven indicios de que así va a ser, y cuando el consumo repunta por algo será. No así en el mercado, donde las ventas han bajado, aunque muy por debajo de la proporción en que han subido los precios, sobre todo del marisco, algunos de forma desmesurada.
Desde luego, el sector hostelero „que con sabio criterio arriesga lo justo y no va más allá de lo recomendable por las circunstancias„ nota, y así lo ha dicho su presidente, que "hay ganas de compartir mesa y mantel con la familia y los amigos". No es que lo adivine, es que lo ve en el buen ritmo que se viene registrando de reservas para cenas y cotillones de Nochevieja, convencido de que 2014 terminará bien.
Si no hay razones para el pesimismo, buena gana de buscarlas y dar vueltas y más vueltas para tratar de encontrar una sola. ¿Qué se gana con eso? Hasta Rajoy, que no es precisamente un personaje que transmita excesiva confianza mantiene un optimismo que pretende inculcar a quienes, con los pies en el suelo, vemos la realidad desde una perspectiva distinta, más rastrera y de panorámica mucho más limitada, que nos impide ver lo que tal vez se vea desde el otero de La Moncloa. "Podemos decir „dijo el presidente„ que estas Navidades van a ser las primeras de la recuperación". Razones quizás tenga para asegurarlo, razones que desde la calle no apreciamos aunque desde sectores muy apegados al día a día de la gente de a pie, toda ella consumidora y cliente, aprecian indicios de recuperación, que tal vez sean esos a los que Rajoy se refería.
No obstante, el drama sigue para muchos, y seguirá, lo cual no quiere decir que la recuperación no sea un hecho que comienza a sentirse en no pocos detalles y con datos reveladores de una reacción todavía débil.

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