Amigos imperialistas

19.12.2014 | 04:45
Amigos imperialistas

Y ahora los cubanos tienen por fin un motivo para soñar... y sueños tienen muchos. El de comer carne es uno de los más compartidos o el de poder dar leche a sus hijos. En Cuba es habitual que hombres y mujeres formados sobre todo en la rama sanitaria sean llamados a servir a su patria ¡en Venezuela! y para allá que se van 7 u 8 años sin pausa, con el único consuelo de que el niño que dejaron en la isla pueda probar la carne.
Estudiar es gratis, pero luego quienes acaban los estudios superiores pagan lo que les dio el Estado con el "servicio social" obligatorio, que dura 2 o 3 años y por el que pueden cobrar en torno a 10 euros al mes cuando en las Tiendas para la Recaudación de la Divisa -del Gobierno y donde hay alimentos- un litro de leche cuesta 3 dólares .
De regreso a la isla y a pesar de tener una buena formación académica, a los cubanos les resulta imposible progresar económicamente porque el Gobierno persigue cualquier mejora. Sólo hay un centenar de actividades empresariales autorizadas a las que se puede dedicar el cubano que se aventure a ser "cuentapropista", pero quien da el paso sabe que jamás tendrá un crédito para su empresa, no podrá comprar en mercados mayoristas y estará cosido a impuestos porque podrá ganar sólo hasta un tope fijado por el Gobierno.
Con este panorama, el pueblo cubano está lleno de gente oficialmente desocupada, dedicada a ingeniárselas para comer todos los días del mes...y también acoge a unos cuantos militares altos cargos de las Fuerzas Armadas Revolucionarios -FAR- que viven en chalets de lujo, tienen acceso a internet, televisión por cable, acceso a los hoteles en Varadero...y si se ponen enfermos van a un hospital reservado para ellos, el mismo al que fue Chávez. En el resto de la isla es casi imposible encontrar medicinas.
Cuba es una isla, pero las mejores playas son para turistas y altos cargos. Cuba tiene ganado y agricultura, pero no hay alimento porque el Gobierno ha acabado con este sector que controla hasta la extenuación.
Por ejemplo, un ganadero no puede sacrificar sus propias reses -las penas oscilan entre los siete y veinte años de privación de libertad- y se investiga la muerte de cualquier cabeza, con el productor como principal sospechoso.
No hay carne, porque el ganado se muere de hambre por la falta de previsión del Gobierno: no produce heno en los meses de lluvia para salvar los de sequía y quedan en manos de los pastos, que no son eternos. El Estado incluso destruyó las cosechadoras de forrajes regaladas por la antigua URSS.
Cuba no habla, susurra, porque en cada cuadra hay un chivato del Gobierno que controla los movimientos de cada casa y se imagina hasta los pensamientos. En la tele, por supuesto pública, durante este eterno castrismo se ha identificado a Estados Unidos con un monstruo y las únicas opiniones válidas son al estilo Elián, el niño balsero que ya pasó de los 20: "Si tuviera una religión, mi Dios sería Fidel".
Ahora Cuba, con la mediación del Papa Francisco, ha hecho las paces con Estados Unidos. Muy mal tiene que haber visto Raúl Castro a Venezuela, su principal apoyo, para dar semejante paso y quedarse sin la baza que les ha mantenido todos estos años en el poder a él y a su hermano: el famoso bloqueo.
El pueblo pasaba hambre pero supuestamente no por culpa del desastroso y dictador Gobierno cubano, sino por el invasor de Playa Girón. "Señores imperialistas. ¡No les tenemos absolutamente ningún miedo!".

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