Ese miedo escénico

15.12.2014 | 04:45
Ese miedo escénico

Aun no se sabe muy bien qué pasó. Pero Joaquín Sabina se marchó el sábado antes de tiempo del escenario del Palacio de los Deportes de Madrid. El artista jienense volvía en solitario después de cinco años de actuar en compañía de Joan Manuel Serrat y había dejado muy claro en varias ocasiones que tenía mucha ilusión por su regreso. Antes de completar el repertorio, se ausentó durante dos canciones y a su regreso pidió disculpas. "Hoy por exceso de ganas de estar bien delante de mi gente de Madrid, me acaba de pasar un ´Pastora Soler", dijo. El artista siguió adelante con dificultades hasta completar el "set list" oficial con "Y nos dieron las diez" Y allí ya sintió que no podía más, No le dieron las once. "Realmente no me encuentro muy bien". Y se fue.
De nuevo el miedo escénico. La expresión volvió a la actualidad hace dos semanas con el anuncio de otra cantante, Pastora Soler, de que aparcaba su carrera. Dos reacciones poco habituales en pocas fechas y ambas relacionadas con la presión de los focos, con la reacción psicológica y anímica de quien se expone a la masiva aprobación popular. Seguramente resulte algo temerario extrapolar conclusiones de lo que realmente son decisiones muy personales motivadas por situaciones complejas y, sobre todo, íntimas que no terminarán de trascender. Y es difícil esperar comprensión de todos los 14.000 espectadores que en la noche del sábado se quedaron con las ganas de escuchar los bises finales, una parte del concierto para la que los artistas reservan sus canciones con más tirón popular, las más esperadas. Todos ellos habían marcado en rojo hacía semanas en sus calendarios el regreso de su ídolo y algunos se habían dejado nada menos que hasta 150 euros en la reventa por la entrada. Sin embargo, el perfil histórico de Sabina y la devoción que le rinden sus fans explica que la espantada generase ayer en las redes sociales más agradecimiento y mensajes de ánimo que indignación o malestar.
Fue Jorge Valdano, a mediados de los 80, quien popularizó para el lenguaje de la calle el concepto de miedo escénico, una expresión ideada en su día por Gabriel García Márquez. En su caso se refería al temor que infundía a los rivales la presión que ejercía el ambiente del estadio Santiago Bernabéu lleno hasta la bandera. Aquel cuyo ánimo se resquebraja intimidado por un público actúa en mi opinión arrastrado, aplastado diría yo, por la sensación de inseguridad, de responsabilidad ante un compromiso con el espectador, con el cliente.

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