Tres virtudes

01.12.2014 | 00:48
Tres virtudes

El axioma de Wright lo predice: no puedes tenerlo todo. Porque si lo tuvieras todo ¿dónde lo meterías? Conscientes de esa limitación, en aquel país paciente y sufrido, todos los que mandaban o iban a mandar se habían visto obligados a decidir, desde el principio de su carrera, qué virtudes tener y qué atributos descartar. Recuérdese: es imposible tenerlo todo. El genio de la política, cuya picardía y malicia eran proverbiales, restringió la elección: solo podrían pedir tres cosas (para respetar las tradiciones, declaró el muy taimado)
Como cabía esperar, todos ellos coincidieron en escoger como primer y segundo deseos dos virtudes ineludibles para todo hombre público: la sinceridad y la honradez. Y así, en aquel país resignado y doliente, ningún político volvió a prometer lo que sabía que no iba a cumplir, ningún político volvió a enmascarar lo que realmente creía y planeaba, ningún hombre público volvió a disculpar la trampa o a disfrazar la indecencia, ningún dirigente ignoró lo que sucedía en su despacho o más allá de un desfiladero sureño, ninguna persona pública (nótese el giro denotativo) volvió a aducir que ella no sabía nada de aquello.

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