Puñalada al fútbol

01.12.2014 | 00:52
Puñalada al fútbol

Quedaron antes del partido para pegarse. En el fondo no es más que otra expresión renovada del instinto bélico de nuestra especie. Los seres humanos llevamos siglos quedando para pegarnos. A puñetazos, con cachiporras, espadas, trabucos, fusiles o armas químicas. Descubrimos la rueda, investigamos las enfermedades y llegamos a la luna, pero ningún pacto internacional, ninguna constitución liberal, ningún régimen opresor puede evitar que en ocasiones al ser humano se le escape el animal que lleva dentro y aflore su bestia incontrolable. Antes del partido que enfrentaba al mediodía de ayer a sus equipos, grupos de aficionados del Atleti y del Dépor quedaron para pegarse y se citaron por whatsapp. Vaya paradoja: la última tecnología de la comunicación al servicio de la peor expresión de incomunicación. Una de esas flagrantes contradiccio- nes que caracterizan a nuestra especie.
El deporte no tiene la culpa de esto. Lo mismo que la política no justifica que afloren corruptos como setas en otoño. La culpa, además de los propios bestias, es de las instituciones, las sociedades, los clubes que amparan a estos salvajes sopesando fríamente que compensa aguantar una o dos multas por graves incidentes por cada temporada a cambio de contar con una brigada de seguidores fieles que animan sin descanso durante el partido. Insultan a los rivales y no respetan el minuto de silencio, sí, pero son el motor de la afición, el jugador número 12. Y también son el cáncer que acaba con la imagen del club, la mancha de grasa en los colores de la camiseta.
Ayer fue en los aledaños del Calderón, pero sucedió en más lugares y a este paso se volverán a repetir. El caso es que no hay voluntad firme de erradicar a los seguidores violentos de los recintos deportivos, no se acomete el problema en serio y de una vez por todas. El negocio del balompié ha alcanzado tal dimensión, con tantos intereses en juego, que un error arbitrar puede mandar a un equipo al descenso de categoría y hacerle perder millones de ingresos. Y, al contrario, un discreto soborno al portero rival puede conducir a un club a la gloria pisoteando la ética de deporte. Con un aficionado medio muerto en la calle, la liga de Fútbol Profesional fue incapaz de agotar las posibilidades para decretar la suspensión del partido. Dicen que no localizaron a nadie de la Federación de Fútbol, que es el estamento facultado para tomar esta medida. Y que con el campo lleno „y la recaudación en las arcas„ la suspensión habría sido contraproducente por razones de orden público. Poderoso caballero es don dinero.

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