Resaca contemplativa

26.12.2013 | 04:45
Resaca contemplativa

Así como primer día del año disolvemos los excesos de la Nochevieja en valses e imágenes de Viena, el día de Navidad lo hacemos en el discurso del Rey por la televisión. Ese discurso que suena de fondo mientras se rematan detalles en la cocina y se prepara la mesa, y se emite ajeno al trajín de los langostinos y los fiambres con el correspondiente cabello de ángel circulando por el pasillo de la casa. Cuando todo está sobre el mantel, las cocineras han colgado el delantal, todo el mundo está en la mesa y las copas se llenan de vino surge la pregunta de todos los años: ¿qué ha dicho el Rey? Y alguien responde, que lo de siempre. El discurso lo siguen invitados ociosos, periodistas que tienen que escribir de él, políticos obligados por si le preguntan y suponemos que la Familia Real. Del discurso del Rey sabemos el día de Navidad, en los telediarios, entre langostinos, canapés y el consomé, casi superada la resaca de la Nochebuena.
El novelista Juan Bas escribió en 2003 un imprescindible "Tratado sobre la resaca" en el que recoge una clasificación de resacas: demoledoras, enajenadas, trogloditas, rijosas, acéfalas, filantrópicas, consumistas, invisibles, creativas, gulosas, aventureras€ No siempre, al parecer, se tiene la misma resaca. Uno diría que la de esta Navidad fue contemplativa. Dice Bas que la resaca siempre invita a la contemplación, a permanecer abobado viendo cualquier cosa. Algo que favorece la ralentización mental y el alelamiento. Uno se queda colgado, que se dice. Bien, pues contemplaba la lluvia mientras buscaba alivio en un café cargado, la edición digital de este diario y el último número del "Vanity Fair" dedicado a Letizia Ortiz y su vida cortesana. El Rey no aludió a ella en el discurso, ni a nadie de la familia, pensando, quizás, que no está el horno para bollos. Eso sí, dijo que estaba dispuesto a continuar. O sea, de abdicar, nada. Lástima. Hoy estaríamos entretenidos con el tema con un sinfín de tertulias y habría quien brindase por ello. Habría resaca sobre resaca y sobre resaca una, que diría el villancico. Y en la entrada y salida de nuestras misas del gallo el asunto de conversación no sería la ciclogénesis explosiva sino el relevo en la Corona. Ni que decir tiene que la lluvia y la nieve fue lo que ayer nos provocó la resaca contemplativa, también con un Manhattan en la mano –una tradición, como otra cualquiera –recordando aquello de Garci de que cada sorbo del Manhattan es una bala sobre Broadway.
Llovía y lo dejaba. La radio emitía música navideña y una adaptación de la famosa "Canción de Navidad", de Dickens. Por la calle se mezclaban caminantes aliviando excesos de Nochebuena con vecinos invitados a otras casas con bolsas de la mano. El agua también es un buen disolvente de la resaca.

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