Murallas y puertas

24.12.2013 | 04:45
Murallas y puertas

Al principio fue la altura del cerro de San Vicente y quizás algún muro el que protegió a los primeros salmantinos. Después, cuando la ciudad bajó de aquel teso, destacó el muro triangular que recogía la ciudad vieja entre la iglesia de San Polo, la Peña Celestina y el emplazamiento de la Casa de las Conchas, donde estuvo la Puerta del Sol. Luego, la muralla se hizo más grande hasta cerrar la ciudad nueva, llegando a tener trece puertas. En la conversación salmantina de hoy sólo se citan la Puerta de Zamora y la del Río, apenas nadie se refiere a la Puerta de San Pablo y mucho menos a la de Toro. La Puerta de Zamora fue muchos años del Ejército, y aún la siguen llamando así algunos, pero pocos. La Puerta de San Pablo fue popular por los autobuses de la provincia que paraban en ella. La del Río ha cobrado fama por el turismo. Y la de Toro ha quedado absorbida por la Plaza del España, aunque no haya coincidencia. Quizá la recuperación de la defensa entre las puertas del Río y San Pablo suponga la recuperación de esta. Cuando se habla de puertas es que lo eran de verdad. Se demolieron entre 1867-68, y algunas antes, como la de Zamora, en 1855, que se estrenó en 1534 con el emperador Carlos V. Era la más importante de la ciudad: entraban por ellas los reyes y juraban junto a sus piedras los fueros de la ciudad. La de San Pablo, en las antípodas, se llamó de San Polo, por la iglesia, y leyendo a Villar y Macías descubrimos que tuvo cerca el Hospital de Santa María la Blanca, la capilla de la Orden Tercera del Carmen y al lado el Convento de San Andrés. Siguen los carmelitas, las ruinas de la iglesia de San Polo forman parte de un hotel, en el subsuelo de la puerta se encontró al salmantino más antiguo y nuestro poeta José Ledesma es vecino permanente de la puerta, frente a la casa de los Niños de Coro. Mañueco y Galán mostraron ayer a los periodistas la recuperación del muro que en otro tiempo estuvo medio oculto por las casas adosadas a él, desalojadas cuando una parte de él cayó sobre sus tejados. De esto hace muchos, muchos años durante los cuales hemos visto de todo.
También han visto lo suyo las imágenes que protagonizan el Nacimiento tallado en la puerta de la Catedral Nueva que mira a Pla y Deniel, con sus personajes vestidos de la época, salvo el Niño, y la mirada llena de ternura y sorpresa del buey y la mula. Entre los personajes protagonistas no faltan los pastores, elegantes, distinguidos, con sus cestos de regalos para Jesús. Hay a los pies de la escena un cordero y en las alturas luce el sol bajo unas nubes en las que los ángeles anuncian el acontecimiento. Así de simple, pero qué extraordinaria escena para verla en este día de Nochebuena, bien provisto de abrigo, porque además de mal tiempo ahí, precisamente, el viento es más fuerte. Hay otras escenas navideñas, pero la catedralicia, y en este año que termina, resulta imprescindible en estas horas.


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