Ni tregua navideña

21.12.2013 | 04:45
Alberto Estella

Este país ha descarrilado, y ni siquiera hay tregua navideña. Se puede intentar una pausa de Nochebuena, solo desde la sopa hasta el turrón, aunque sea por los niños. La Policía Nacional escudriñando la sede del PP de la calle Génova, y la Guardia Civil registrando en la UGT de Córdoba, son imágenes pascuales como para nacionalizarse portugués, que es de lo más honrado que queda en Europa. España es como una carreta volcada, patas arriba, desde la más alta Magistratura hasta el último villorrio. Resulta insoportable saber que la pasma ha estado catorce horas husmeando en unas oficinas, no cualesquiera, ¡las del partido del gobierno!, tratando de evitar posibles ocultaciones o destrucción de discos duros y otras pruebas.
"Saca, P€, saca", le decía Carlos Hernández Crespo en visita de inspección, al oficial del Registro de cierto Partido Judicial de esta provincia. Aquel zurupeto „que suplantaba hábilmente al Notario y al mismísimo Registrador„ tenía su cajón secreto, donde ocultaba todas las particiones de herencia, escrituras privadas de venta y documentación que él mismo preparaba para las buenas gentes del distrito hipotecario, y desde luego cobraba, en metálico o en especie, es decir, gallinas, vino, aceite€ El inteligente Carlos, al final, con paciencia y sorna armuñesa „"saca, vamos, saca€"„, lograba que el intruso exhibiera todo lo que había documentado ilícitamente.
La cuestión es que te cojan o no con ese carrito del helado que parece llevar delante todo español, o sea, con las manos en la masa. Y luego depende de la destreza y honradez de quien te sorprenda. Pero es que hasta en el belén, el cordero que ofrenda el pastor, ha sido robado; el castillo de Herodes se ha construido gracias a unas comisiones ilegales; y el molino del panadero se mueve por unas placas solares subvencionadas fraudulentamente por un amigacho. Todo el mundo oculta, miente, se ajabarda, o amaña una subasta. Te pillan o no te pillan, eso es todo. La Juez impertérrita vuelve a imputar en los ERE a Griñán y Chaves, que naturalmente son unos pobres perseguidos por una obsesa. "Yo no estaba allí, no sé nada, no era de mi competencia, yo no lo he hecho"... Esa pequeñaja gallega, que parece haber consumado una vileza increíble, le cuenta al Juez la quinta versión distinta de su itinerario, con o sin el cadáver de Asunta.

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