Ustedes perdonen: ¡Feliz Navidad!

21.12.2013 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Se acabó el otoño, que no ha sido tan caliente como al principio se temía, y con el invierno empieza también la recta final del año, etapa íntegramente navideña. El reloj no para, sigue su marcha, y no queda otra que dejarnos llevar hasta las doce campanadas del 31 de diciembre. Hasta entonces, felicitarnos las fiestas y tratar de disfrutarlas, a ser posible, como Dios manda, pese a que es lo que ya no se lleva. Ya saben, el solsticio manda y a la hora de la verdad es lo que cuenta para quienes se apuntan a las fiestas pero sin entrar para nada en el espíritu que siempre fue de estas celebraciones, espíritu que, repito, ya no se lleva. Sin embargo es la razón de todo, lo celebren o no lo celebren. Eso sí, no renuncian a la cena ni al turrón ni a felicitar a todos no sé qué y desearles lo mejor del mundo para el nuevo año, adornado todo ello con citas del primero que encuentran, da igual quién sea con tal de que suenen bien: Copérnico, Schopenhauer, Churchill, Trotsky, Mao o Groucho Marx, vengan o no a cuento. Y quedan como Dios.
Es un detalle más de por donde van las cosas, de señalar lo correcto visto desde la perspectiva distorsionadora de lo político, que lo condiciona todo y marca la diferencia con lo que no lo es, o sea, con lo incorrecto, que para muchos, fieles al mensaje y a la tradición, continúa siendo, por mucho que digan, lo correcto.
Pues en esas andamos, intentando celebrar lo que se tercie, bien sea lo que uno quiera o bien, si no, lo que a uno le dejen. Cabe también otra posibilidad, la de proclamarse en rebeldía contra todo y no celebrar nada. No obstante, la buena costumbre se impone aun cuando la fe no sea mucha, porque sí lo es la tradición, consecuencia de esa fe, más o menos débil aunque inquebrantable. Es nuestra fe, heredada de los nuestros, y eso es sagrado, por tanto intocable, que sestea bajo el árbol, es cierto, pero sin perder de vista el belén, que sigue teniendo estos días su sitio de siempre.
Que la Navidad no es como era, se nota en muchas cosas, por ejemplo en el negocio ruinoso de los christmas. Otros años por estas fechas no sabía qué hacer con tantos y acababan en la papelera, este año, tres.

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