Más que siglas

19.12.2013 | 04:45
Más que siglas

En este mundo de siglas vaya usted por ahí preguntando que es el Ibsal o presumiendo de que el Ibsal ha sido acreditado "excelente" por el Instituto Carlos III. Que sepamos, el asunto no encabezó las tendencias en las redes sociales ni se lanzaron cohetes en la provincia. Y sin embargo, he aquí una buena noticia. Lo notamos en cuanto llegamos al Hospital Clínico Universitario convertido por las obras en más complejo de lo que es en realidad y vimos por allí a Atanasio Pandiella, Rogelio González Sarmiento, María de los Ángeles Serrano o Bienvenido Mena luciendo una sonrisa nada habitual en estos tiempos nuestros. Hasta el propio consejero de Sanidad, Antonio Sáez Aguado, lucía un rictus menos tenso que de costumbre, gesto conseguido a base de repartir malas noticias, según sospechamos. En la comparecencia de este para anunciar la buena nueva –aunque la comunicó igual que si estuviese avanzando el fin del mundo„supimos que hay más de quinientos de nuestros investigadores y profesores metidos en este espacio dedicado a la investigación sanitaria más de aquí te pillo y aquí te sano, o sea, medio millar de personas, que pueden ser más con la nueva acreditación. Y tendrán más medios. Un grupo humano que trabaja, vive, compra y tributa en Salamanca, o sea, participa de la economía, y además contribuye con sus trabajos y descubrimientos al tejido empresarial salmantino. El asunto, entonces, es para tomárselo en serio e ir colocando Ibsal en un lugar destacado de nuestra ciencia como el CIC –Centro de Investigación del Cáncer„o CSIC –Consejo Superior de Investigaciones Científicas„o el IRNA –Instituto de Recursos Naturales„por ejemplo. No se trata de saber qué es un teravatio, aunque hay que intentarlo para cuando el Centro del Láser entre en servicio y alguien nos pregunte; a ver si vamos a contestarle algo relacionado con la depilación. Si bien reconozco que cuesta entender a Luis Rosso, director del Centro, y los suyos, gente que alumbraron aquello del Fotón Charro tiempo atrás como una declaración de principios. Se trata, más bien, de que los salmantinos vayamos colocando a la ciencia propia en nuestro conocimiento y nuestros corazones y presumir de ella, aunque para ello, antes, haya que conocerla. Y si para eso hemos de esforzarnos en traducir siglas, qué le vamos a hacer: ya lo hicimos con las políticas y sindicales, sin ir más lejos.
Es interesante considerar el hecho de que la salud nos esté dando buenas noticias en las vísperas de la Lotería de Navidad, como una señal que no sabemos interpretar ni bien ni mal. Salamanca lleva años celebrando el 22 de diciembre, coincidiendo con el sorteo del Gordo navideño, el día de la salud con una entrega encomiable. El asunto del Ibsal y el anuncio de que nuestro Hospital Clínico Universitario ha conseguido ser también acreditado de referencia nacional para trasplantes de páncreas nos coloca ante la posibilidad de que el escurridizo Gordo caiga aquí, por fin, o que pase de largo, una vez más, a la vista de la buena salud de que gozamos. De cualquier manera, con Gordo o sin él, el día siguiente tenemos una cita con la memoria de Carlos Gil Pérez. Ya trabajan en la calle Cristo de los Milagros los artistas que con sangre de toro recordarán la casa donde vivió el hombre que casi inventó el atletismo en España, con su pipa eterna, su cuaderno de notas y su bolígrafo. Quizá sería justo dedicarle igualmente la pista de atletismo cubierta cuando se haga en la Ciudad Deportiva de La Aldehuela.


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