La indisposición

18.12.2013 | 04:45
Alberto Estella

En la comida de Navidad del PP estaban todos, menos uno. Esos fantasmas lejanos que se nos aparecen de higos a brevas, como Robles, el cuaja-enredos, y Bermudo, con unos sospechosos eritemas en los pómulos; los militantes fieles, cérrimos; y hasta Lanzarote, que cuando uno lo comparaba con Moby Dick, aparecía resoplando y pegando coletazos, y ahora lo hace silenciosa, discretamente. Sonreían para la foto, como si se llevaran bien, mientras por los bajinis se advierten, "toito te lo consiento, menos faltarle a mi escaño". Estaban todos menos Mañueco, que no es una ausencia cualquiera.
Versión oficial: "Está indispuesto". Últimamente Alfonso de Castilla está como desmejorado, la color quebrada, pero coño, el jueves mismo estuvo en una charla en el Casino, con su mejor talante. Pues hala, a los diccionarios. Indispuesto tiene un doble sentido: o don Alfonso "el Inocente" estaba destemplado, pachucho; o estaba enemistado, cabreado. ¿Con quién, cómo no fueran algunos comensales salmantinos?. Pero muy malito no estaría cuando en horas veinticuatro se fue a León, ¡precisamente a comer con los populares!, los fieles de la cacicona Isabel Carrasco. Si aquí no fue y a León si, ¿considera Salamanca plaza conquistada, o está malquistado con algunos que antes eran su guardia pretoriana? Suponemos que la derecha salmantina „con divisa verde y oro„, apoya al actual alcalde, pero hay especulaciones.

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