Caldera se quiere ir a europa

17.12.2013 | 04:45
Caldera se quiere ir a europa

Caldera quiere asegurarse una jubilación dorada en el paraíso del Parlamento Europeo y anda peleando y a codazo limpio en Madrid con otros diputados por un puesto de salida en tan codiciados comicios. El diputado bejarano se garantizaría así no solo su continuidad en la vida pública, en la que lleva prácticamente desde que le salieron los dientes de leche, ya que desde el año 1982 no se ha bajado de la poltrona política del parlamento nacional, sino un sueldazo de los de Nescafé, asistente personal, dietas por viajes dentro y fuera de la Unión Europea y otros chollazos como no dar ni golpe. En definitiva a lo que todos los mortales aspiramos, porque el trabajo en Europa debe ser importante, pero lo que trasladan a la ciudadanía sus señorías es que no se puede aspirar a una vida mejor.
En 2011, la asignación mensual para cada eurodiputado, antes de impuestos ascendía a 7.956,87 euros, pero con el descuento del impuesto comunitario y el pago de una cotización a un seguro de accidentes, se quedaba en 6.200,72 euros netos. A esos 6.200 euros hay que añadir dietas, viajes y asesores, cantidades que no son moco de pavo y que pueden elevar la cifra final hasta los 15.000 euros mensuales si se suman todos los conceptos.
Y luego está la pregunta para la que casi nunca hay respuesta: ¿a qué dedican el tiempo sus señorías en Bruselas? Hace años, la primera televisión en cazarles "con las manos en la masa" fue una alemana, que filmó cómo los europarlamentarios se escaqueaban de los plenos en viernes de forma descarada, aunque no sin antes haber fichado para cobrar los 300 euros extras que se contemplan por acudir al pleno del último día de la semana. La diputada alemana de Les Verds llegó a amenazar a los cámaras que le estaban cazando en plena faena. Vergonzoso.
Ya en plena crisis económica y cuando las administraciones públicas hacían gestos de recortes y austeridad, el eurodiputado del PP Alejo Vidal Quadras aseguró que volar en ´business" no era un lujo, sino una necesidad y su grupo se opuso con rotundidad a una propuesta para que en los vuelos de menos de 4 horas sus señorías viajaran en clase turista.

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