El ejemplo de Mandela

13.12.2013 | 04:45
Miguel Cid

No ríos si no océanos de tinta están corriendo como consecuencia del fallecimiento de Nelson Mandela, primer presidente democrático de Sudáfrica. Y no sólo eso, de raza negra, con lo que ello significa en dicho país.
Su funeral, calificado de un acto de política global, celebrado días pasados en el estadio Soccer City de Johanesburgo, y al que asistieron más de cien jefes de gobierno o estado del mundo, encabezados por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, así como nuestro príncipe Felipe y nuestro presidente Mariano Rajoy, fue un acto que, dada la idiosincrasia de los sudafricanos sólo tuvo de fúnebre el nombre, ya que fue una ceremonia festiva en la que los cantos y los bailes no tuvieron fin.
Anécdotas aparte, como era de esperar, el presidente Obama dio en el clavo y su discurso fue aclamado por el público cuando destacó el contrasentido de que, "hay líderes que alaban a Mandela pero no toleran la disidencia". Esto es, sólo son en apariencia solidarios con Mandela.
Y no sólo eso, una de las características de Mandela, premio Nobel de la Paz, fue propugnar la reconciliación y el perdón dialogando precisamente con los responsables de la atrocidad que significaba el Apartheid, por aquello de que "si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos, habla con tus enemigos" (Moshe Dayan). Y además, propició de forma valiente y ejemplar la reconciliación y el perdón, ya que, como dijo también "si existe el sueño de una bella Sudáfrica, existen caminos que llevan a esa meta.

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