Solo en Salamanca

12.12.2013 | 04:45
Solo en Salamanca

A los tres jueves que por tradición lucen más que el sol pronto habrá que añadir el jueves de la Nochevieja Universitaria, que se celebra hoy. Un aluvión de miles de jóvenes son esperados en la ciudad, de los cuales unos pocos más de veinte mil podrán seguir las campanadas adelantadas en la misma Plaza Mayor, esperemos que con mejor sonido que en otras ediciones. Es la cifra que ha anunciado nuestro jefe de la Policía Local como límite para que la seguridad esté garantizada. Un observador calculará por telemetría el número y a partir de aquí la Plaza Mayor quedará cerrada a cal y canto. Fuera de ella, si hacemos caso a los cálculos avanzados, otros tantos miles de jóvenes estarán a lo suyo, imaginándose las campanadas, o no, en espacios como el Campo de San Francisco, la Plaza de Anaya, la de Los Bandos o la del Liceo, pongamos. La convocatoria, en cualquier caso, hace buena algunas citas de la "Tía Fingida" a su "sobrina" en la inmortal obra de Cervantes, tan de Salamanca que es difícil dudar de que el autor no estuviera en la ciudad una temporada y supiera de qué iba el asunto. Hoy es la Nochevieja Universitaria y antes fueron las fiestas de Ciencias, Medicina, Farmacia o Educación, y a la vuelta de las Navidades saldrán a la calle los de Derecho con su santo y su "Procesión del Vino", pero la historia nos dice que siempre hubo estudiantes dispuestos a montarla en fiestas como la del Obispillo, ya citada en la novela "Melibea no quiere ser mujer", con la disculpa de algún nombramiento o grado. Algunas de aquellas fiestas terminaban con más de uno en el Hospital del Estudio, sede actual del Rectorado, donde Daniel Hernández Ruipérez toma posesión esta mañana como Rector para otra legislatura, que culminará en otras celebracionaes universitarias: las del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca. Curiosa coincidencia. Lo es, también, el hecho de que en un día tan agitado como este jueves el maestro Estella haya tenido la ocurrencia de presentar su antología de agitadores artículos. En el Casino. A la vera de la Plaza Mayor, en pleno follón, en sintonía con el que prepara cada vez que sale una de las suyas en este diario y arrea soplamocos a diestro y siniestro, o, si se quiere, a diestra y siniestra. Con las mismas, por cierto, con las que sucumbieron muchos estudiantes en sus duelos particulares a espada en la ya desaparecida calle del Desafiadero. Otros se salvaron gracias a los oficios del médico del Hospital del Estudio. Los desafortunados, terminaban en el cementerio de San Nicolás o en el aula anatómica de la iglesia.
Cuando Juan Carlos Arce escribió la escena de la fiesta del Obispillo con la que abre su libro "Melibea no quiere ser mujer", en la que el ceremonial católico era puesto patas arriba, asegura que "Solo en Salamanca podría tener lugar una fecha así". Al fin y al cabo, somos una república de estudiantes, que una vez, aburridos de "trívium" y el "quadrivium", como dice González Egido en su novela "El cuarzo rojo de Salamanca", no tuvieron mejor ocurrencia que ir a clases de nigromancia a la Cueva de San Cebrián. Y seguro que no faltaban estudiantes en ese Carnaval que el Concejo encargó a Juan del Enzina que organizara, tal y como lo imaginó González Jambrina en su "Manuscrito de nieve". Aunque nadie como Luís Cortés Vázquez ha retratado los excesos universitarios de ayer en su "Vida estudiantil en la Salamanca clásica". Pero nada que no hubiera sugerido ya la "Tía Fingida". La Nochevieja Universitaria, así, no es sino un capítulo más de esa historia estudiantil con el añadido del efecto que producen las redes sociales y las televisiones, ávidas de contar algo que no sean desgracias para cerrar los telediarios.

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