Una campaña de acoso y derribo

11.12.2013 | 04:45
Una campaña de acoso y derribo

No hay duda de que lo de las mariscadas, las barras libres, las carteras falsificadas a imitación de caras firmas de marroquinería española o las juergas en la feria de Sevilla a costa del dinero destinado a los cursos de formación para los parados de Andalucía es una burda campaña de acoso y derribo contra los sindicatos como ha dicho este fin de semana el líder ugetista Cándido Méndez y ha corroborado el número tres de los socialistas, el paracai- dista Óscar López.
Lo secundario no nos puede apartar de lo fundamental y en este caso lo importante tanto para UGT como para el PSOE no es que se hayan desviado fondos públicos para las mamandurrias de sus líderes o que se hayan falsificado facturas para que los señoritos que se hacen llamar representantes de los trabajadores disfruten a lo grande del lujo de sus poltronas, en definitiva que de forma más o menos disimulada se haya metido la mano en el cajón de los dineros que usted y yo pagamos con nuestros impuestos (presuntamente, claro). Lo conveniente para ugetistas y socialistas es que no se mancille el nombre de unos sindicatos y de sus dirigentes y si para conseguir este objetivo hay que tapar todo, se tapa, se esconden las falsificaciones de bolsos y facturas debajo de las alfombras para que no trascienda nada.
Los dirigentes sindicales cobraron las subvenciones de los planes de formación y las destinaron a comprar maletines para premiar la asistencia a los congresos. Bien mirado es una forma práctica de enseñar a desenvolverse en la picaresca, algo en lo que nos tendremos que ir poniendo al día todos si queremos estar a la altura de los supuestos chorizos que nos representan en sindicatos, patronales o partidos políticos.
Pero la desfachatez sindical no queda solo en la presunta desviación de fondos. Radica también en la indignidad y en la doble moral de quienes critican las malas condiciones laborales al mismo tiempo que se aprovechan de ellas o de quienes arremeten contra el capitalismo y quieren disfrutar de sus ventajas. Presumen de imitaciones de marcas caras que las hacen trabajadores de Asia en unas condiciones laborales que distan mucho de las que defiende públicamente el señor Cándido Méndez y toda su tropa, por mucho que asegure que en su organización hay mucha independencia y descentralización.
Tiene que tener poca vergüenza Cándido Méndez para afirmar en una entrevista, publicada en el diario El País, que en general las cosas han funcionado correctamente y que el escándalo de las facturas, al que hay que añadir lo de los ERES, es solo un pequeño descontrol, errores sin importancia, en los que no hay mala fe. En definitiva, todo este asunto viene que lejos y obedece a una campaña de los medios de comunicación para desacreditar a los sindicatos.

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