El Papa

10.12.2013 | 04:45
Juan Mari Montes

No estoy muy seguro de si lo leí en algún periódico, llegó directamente en un power point a mi correo, o tal vez lo soñé pero supe del maravilloso cuento de que el Papa Francisco algunas noches abandonaba sus confortables aposentos y se recorría las calles más frías de la vieja Roma para asistir a los pobres y mendigos que duermen a la intemperie. El resto ya lo pongo yo con la imaginación: Iría en un furgoneta de reparto y se perdería durante horas por las oscuras callejuelas del Trastevere para dejar un vaso de leche caliente junto a cada uno de los mendigos, o un bocata de chorizo, o unas mantas, o mejor, un fajito de billetes para que al día siguiente pudieran darse un homenaje en el maravilloso La Terrazza dell´Eden y tras dar cuenta del más sublime de los manjares fumarse un puro cinco estrellas contemplando la hermosa panorámica de la ciudad italiana.
Obviamente cuesta creer el cuento, pero reconozcamos que tiene más verosimilitud que si nos lo hubieran contado de cualquiera de los inmediatos papas que le precedieron en el cargo y eso que precisamente la disparatada idea de que un mendigo abra un ojo a altas horas de la madrugada y se encuentre con que viene a visitarle el Sumo Pontífice para servirle un Cola Cao esta mucho más cerca del espíritu de los Santos Evangelios que de esta pesadilla de anuncio con Raphael, Bustamante y Monserrat Caballé pegando sus correspondientes alaridos que es lo más cercano a la idea de Navidad que a estas alturas somos capaces de concebir para homenajear el nacimiento de Dios.

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