Espíritu del 78

06.12.2013 | 04:45
Ángel J. Ferreira

Hoy hace 35 años el pueblo español dijo sí a nuestra Constitución y lo hizo con rotundidad, como apartando de sí una historia llena de violencia, intolerancia y hasta muerte y apostando por la libertad, la democracia y la tolerancia. Qué día aquel 6 de diciembre de 1978: salimos a riadas a votar la Constitución que acababa con las dos Españas, pues ambas de una puñetera vez se habían puesto de acuerdo en un texto de consenso, con márgenes para la interpretación según el momento que viviésemos, con ambigüedades calculadas para hacer posible un gran acuerdo. No era una Constitución de media España contra la otra media, cuyos amargos efectos habíamos padecido, era una Constitución para todos, que abría un tiempo de esperanza. Creíamos que comenzaba un punto y aparte, tras tantos regueros de desolación, y deseábamos que fuese largo, que durase, que por fin en España hubiese paz, que solo se concibe desde la libertad, y no la paz de los cementerios a la que tan acostumbrados estábamos.
Sí, fue el espíritu del 78, glorioso, fresco e inolvidable. Cuando todo parecía posible, sobre todo hacer un país en que todos cupiésemos, sin vencedores ni vencidos, sin apestados ni privilegiados, sin exiliados ni represaliados, un país que mereciese la pena, del que nos pudiéramos sentir orgullosos y no esconderlo vergonzantemente. Por fin iba a ser posible que España fuese una nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley, no de súbditos atemorizados y expuestos a la arbitrariedad del poder.

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