Miguel Ricart

03.12.2013 | 04:45
Marta Robles

Sale Ricart a la calle y no se a ustedes, pero a mí me recorre un escalofrío la espalda. No puedo dejar de recordar aquellos días oscuros en los que la tortura y el asesinato de las tres chicas de Alcasser se convirtieron en el tema de debate social de cada día. El horror de los detalles que iban trascendiendo era de tal magnitud que llegó a reventar la crónica negra, tan de moda en aquellos días y tan capaz, por entonces, incluso de hacer programas/espectáculo desde el lugar de los hechos. Tal vez por eso, el simple pensamiento de que Ricart libre pudiera convertirse en objeto de deseo de algún plató, ha llenado de iras las redes sociales y ha hecho que las propias televisiones desmientan tal intención o echen marcha atrás en el caso de que hayan existido. Pero televisado o no, lo cierto es que Ricart está en la calle después de unos pocos años, que poco o nada tienen que ver con esa condena de 170 que se le adjudico en su día. Parece que el asesino condenado, pretende hacer creer ahora, como sea, a golpe de polígrafo o de cualquier artimaña, que él siempre fue una víctima de Antonio Anglés, aunque según los expertos, la realidad podría ser justo la contraria: que fuera Anglés el que hubiera sentido miedo de un Ricart de carácter frío y despegado que ha vivido sin visitas ni vínculos fuera de la prisión.

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