El Cerro

04.07.2013 | 04:45
El Cerro

Recordarán que hace unos días, mi buen amigo el señor Manuel, con el que charlo a través de la alambrada de mi parcela allá en Villaflores, se marchó ligeramente "cabreado" después de nuestra conversación sobre el bucle magnético y la sordera.
Hoy, estoy esperando que aparezca de un momento a otro y me mentalizo para no recibirle diciéndole: "Como decíamos ayer€" ni, "En un lugar de La Mancha€" tampoco, "Era de noche y sin embargo llovía€" y ni tan siquiera, "La del alba sería€" pues no quiero decirle algo que pueda causar su justo enojo. ¡No! hoy le voy a contar, con todo lujo de detalles el viaje que hice días pasados hasta El Cerro, ese pueblecito salmantino al que tanto quiero, y del que tantos recuerdos hermosos de mi primera adolescencia guardo. Y al señor Manuel le voy a pedir, casi exigir, que a él que le gusta tanto el ir a Benidorm, que no deje de hacerlo, pero que a la menor posibilidad que tenga se acerque hasta El Cerro, uno de los más bonitos y entrañables de nuestra provincia (que es pródiga en naturaleza, cultura y buen comer) un pueblo amable, acogedor de exuberante paisaje, pleno de jaras, brezos, madroños, higueras, castaños, olivos, viñedos y robles y gentes extraordinarias de gran longevidad.
Con ellos y sobremanera ellas, me encontré al deambular por sus calles estrechas, que aunque han perdido parte de sus casas artesanales con sabor añejo y aquel encanto, pero que „como escribe también alguien que quiere a El Cerro„ ni su aire ni su sol, ni los luceros brillantes en las noches, han desaparecido.

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