MEDIO AMBIENTE

¿Cómo defecar de forma responsable cuando salimos al campo?

Cualquiera que practique senderismo o ciclismo se ha encontrado en algún momento en la tesitura de hacer sus necesidades sin saber bien cómo ni dónde

14.02.2019 | 10:59
Sendero de la provincia de Salamanca.

Los más finos pueden echarse las manos a la cabeza. (¿Acaso no hacen sus necesidades a diario?) Otros pensarán que no es necesario tocar estos temas (mejor hablar del sexo de los ángeles). Y los más puristas dirán que ellos sólo defecan en una taza limpia. Ni en bares, ni en hoteles, ni mucho menos al aire libre. Pero la gente normal y corriente que habitualmente sale al campo se habrá encontrado alguna vez en esta tesitura. Por mucho que muchas personas sean como un reloj y no salgan de casa sin visitar el WC, nunca se sabe cómo se van a comportar los intestinos. En el momento menos pensado hay que 'sacar la leña al patio' y ahí entran las dudas.

Lo lógico es buscar un lugar escondido o ponerse detrás de un árbol para liberarse de la carga. La mayoría de las personas que hacen una ruta de senderismo o salen en bicicleta llevan consigo un paquete de pañuelos para que la limpieza sea lo mejor posible. Habitualmente no piensa en más. Lo hacen, lo dejan allí y siguen la marcha. Pero es bueno saber los perjuicios que puede provocar en el medio ambiente un acto aparentemente tan inocente y oloroso. Las heces son un auténtico foco de infecciones y dejarlas al aire libre genera efectos perniciosos. Sus parásitos pueden acabar en un animal o, lo que es peor, en el agua que después consumimos. A priori suena catastrofista, pero es una realidad como un templo.

Por este motivo y siguiendo los consejos de unos expertos en esto de salir al campo como es la familia del blog "Viajando en furgo", vamos a dar una serie de pautas para defecar en el campo de la manera más respetuosa y sostenible posible.

Para lograr intimidad, es fundamental buscar un sitio escondido aunque, eso sí, alejado de cualquier arroyo o río que pueda acabar contaminado por nuestra acción. En lugar de dejar las heces "a cielo abierto", hay que hacer un pequeño agujero en la tierra y taparlas. De esta forma se acelera el proceso descomposición y se evita que entre en contacto con animales. Si además de enterrarla se coloca una piedra encima, mucho mejor.

Otra cuestión importante es qué hacer con el papel. Muchos recordarán el incendio que devastó parte de la bella isla de La Palma en 2016. Un turista alemán que había hecho sus necesidades, decidió quemar los pañuelos con los que se había limpiado para evitar que contaminaran. Lo que logró fue un fuego que arrasó algunos enclaves de gran valor ecológico. Fue condenado a tres años de prisión. Esto sirve de moraleja para que a nadie se le ocurra quemar los pañuelos usados en la limpieza corporal. Tampoco hay que arrojarlos al suelo sin más, ya que se trata de elementos muy contaminantes. Lo ideal es guardarlos en una bolsa como se hace con las heces caninas y tirarlos posteriormente en una papelera. Si esto no es posible, otra opción es enterrarlos junto a las heces.

Eso sí se recurre a los pañuelos, porque se pueden aprovechar los recursos que da la naturaleza. Uno de ellos es el gordolobo, una planta con propiedades medicinales cuyas hojas se pueden usar a modo de papel higiénico sin miedo a irritaciones. Y también es posible recurrir a las abundantes piedras siempre que no tengan aristas dañinas.

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