TOROS

El embajador del toreo en EEUU

Profesor primero y director de un instituto de Secundaria en Greenacres, en el estado de Florida, David Samore es aficionado al toreo desde hace más de 40 años y está empeñado en trasladar y difundir la cultura taurina a sus alumnos a los que les enseña la esencia y los secretos de este arte

06.08.2018 | 17:43
David Samore en los tendidos de la plaza de toros de La Glorieta en la clase práctica nocturna.

"Tengo la obligación de poder enseñarles este arte y esta pasión. Porque muchas veces por la ignorancia que hay en mi país simplemente no lo entienden". Así arranca su historia David Samore, un aficionado estadounidense que, tras 18 años como director, se acaba de jubilar del Okeeheelee Middle School; un instituto de Secundaria en Greenacres (en el estado de Florida) donde antes impartió clases de español, francés y alemán; que además es un apasionado al toreo, al que se enamoró en su primer viaje a España en 1972. Desde entonces, se empeñó en llevar a su país la cultura taurina, enseñarla, difundirla. Darle a sus alumnos la oportunidad de que la descubrieran. Y así lo hizo en su instituto, en el que nada más entrar existe un gran mosaico, de más de tres metros cuadrados, de cerámicas de Talavera, en el que se inmortaliza un lance a la verónica.


Impartiendo clase en Okeeheelee Middle School, en Greenacres, Florida.

Samore, en sus continuos y frecuentes viajes a España, hizo acopio de todos los útiles de la lidia. En 1985 compró un traje de luces, tabaco y oro, además de medias y zapatillas, al sastre Justo Algaba. También tiene un estoque. Con el paso del tiempo, su buen amigo David le consiguió un capote de Talavante y una muleta de Manzanares. Además, custodia infinidad de libros, revistas, periódicos que recogen la información taurina de la que está al tanto de manera minuciosa al otro lado del charco. El toreo sin fronteras. Todo se lo lleva a Estados Unidos, con el ánimo de utilizarlo como material didáctico y de apoyo para sus clases de tauromaquia en su instituto. Y allí se lo enseña a sus alumnos, en sesiones que duran en torno a una hora, en las que pone vídeos, fotografías... con las que los jóvenes puedan captar la esencia del toreo.

Tienen entre 11 y 15 años: "Muestran mucho interés. Son receptores para cuestiones nuevas. Les enseño en directo el traje, imágenes de toros y el toreo, el peligro y el riesgo que supone? Les atrae una barbaridad", puntualiza David Samore, quien desvela su propósito: "Si se hacen aficionados, mejor; pero mi motivación es que sepan y descubran qué es el toreo, su esencia. Y que luego ellos tomen la decisión de si quieren o no ser aficionados.

Una vez que lo descubran, que sean ellos los que decidan si quieren o no ser aficionados". Y ahí trata de desmitificar muchos tópicos que hay en Florida, donde no está instalada la cultura taurina: "Mi intención es desvelarles todo el misterio; hay demasiadas interpretaciones incorrectas sobre la corrida de toros, que es una cosa ensayada, que se sabe con anticipación, que el animal está entrenado... Entonces yo quería enseñarles todo".

Esa es su ingente tarea, un ejemplo altruista motivado por su desbordante afición. Y de su apuesta, sus frutos. No todos, pero sí muchos de sus alumnos le pedían que en los viajes de fin de curso que realizan a España cada dos años incluyeran en el programa de actividades presenciar una corrida de toros. Y qué mejor escenario que Las Ventas. Ese fue su destino: "Pocos rechazan esa oportunidad", confiesa Samore, antes de decir que no todos se quedan tras escuchar sus clases teóricas, tras ver vídeos, enseñarle historias: "También los hay que dicen Me interesó una vez, pero no quiero más. Pero no es lo normal. Lo lógico es lo contrario". "La madre de una alumna que mostró gran interés por el toreo me dijo que tras uno de aquellos viajes, le cambió la vida para bien. Y eso es muy gratificante".

"Mi pasión más grande es eliminar la ignorancia, por eso fui profesor; y lo mismo hice con el toreo y mis alumnos. Era como un experimento, hacer cosas que no existían y ahí aproveché mi condición de director para poder hacer esto en el instituto; donde por suerte he forjado buenos aficionados al toreo", matiza antes de puntualizar su lema en la profesión y en la vida, que es perfectamente trasladable al toreo: "Necesitamos abrir puertas para que los demás puedan entender". Y ahí lanza su pena, que también se puede convertir en su mejor reivindicación: "Primero hay que enseñarlo y después que elijan. Estoy seguro que en España, ningún profesor de un centro le explica el toreo a los chavales. No hay nadie en España que haga lo que yo hago allí. Seguramente, los estudiantes de mi centro saben más allí del toreo que los mismos estudiantes de España".


Con López Chaves, El Capea y Juan Ignacio Pérez Tabernero en Linejo.


TRES SEMANAS EN SALAMANCA
David está a punto de poner fin a su estancia en Salamanca, donde ha estado las tres últimas semanas. Aquí vino para recibir un curso en la Universidad que logró a modo de beca después de que su centro ganara el premio a la mejor Escuela Internacional de EEUU. No es la primera vez que estaba en Salamanca, esta vez aprovechó para seguir alimentando su alma del toreo. Ha estado en fincas, como la de Montalvo, donde presenció un tentadero junto a López Chaves y El Capea, en Pedraza de Yeltes ha disfrutado del toro en el campo; y en La Glorieta ha podido saborear de las clases prácticas nocturnas. Es una esponja, aprende, escucha y paladea. Llena su corazón del toreo; mientras en su cara de bohemio, de barba bien cuidada, blanca como el inolvidable mechón del eterno Antoñete, y mirada absorbente sigue aprendiendo de toros a sus 63 años. Y escucha, y mira, habla y siente por el toreo. Y se lo lleva en su maleta repleta de nuevas experiencias para seguir contándoselo a sus alumnos. Es su infatigable lucha por descubrir, enseñar y trasmitir la tauromaquia.

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