TOROS

Ambientazo en busca de un Destino

Manuel Perera y Rafael León desorejan los novillos de José Cruz y Esteban Isidro en La Glorieta ante cerca de 5.000 espectadores con una faena de poder y valor y otra con la esencia del buen toreo

13.07.2018 | 08:07
Ambientazo en busca de un Destino

Un bravo novillo de La Glorieta abrió la función que cerró el sabor del toreo caro de unos distinguidos ayudados en el broche de la faena de Rafael León al cuarto. Se los firmó al jabonero de Esteban Isidro, que apuntó ser el astado más bravo de la noche, pero antes de ese sabroso epílogo levantó la bandera blanca y se rajó. El valor malagueño cortó las dos orejas tras una soberbia estocada, el mismo botín con el que se hizo el extremeño Manuel Perera tras plantarle cara con solvencia, oficio y valor a un eral de José Cruz que pareció apuntar problemas en la vista en los primeros compases y luego navegó con casta e incertidumbre en largo pasaje muletero. Aunque humilló y se entregó por el pitón derecho, por la izquierda no perdonó ni regalaba una. Ambos ocuparon los puestos pares del cartel, los impares fueron para un Rubén Blázquez y Emiliano Ortega. Espeso y desordenado Rubén Blázquez al que las prisas y la poca firmeza le dejaron por debajo de la brava condición de un bravo novillo de La Glorieta. Pedía suavidad y a la vez mano baja, poder y dominio, para sostener la casta de las embestidas que se alteraban en cuanto tocaban la muleta. Defecto que se repitió con demasiada frecuencia. El peñarandino no acertó con la tecla y, dentro de un trasteo largo, que abrió con una pedresina en los medios, poco a poco fue quedando en evidencia mientras afloraban cada vez más virtudes de su oponente. Todo lo contrario le ocurrió a  Emiliano Ortega, mexicano de la escuela de Lucena, que tuvo en desdicha a un manso, duro, correoso, huidizo y descompuesto eral de Aldeanueva que acometió siempre a oleadas y sin recorrido, reponiendo y sin ir entregado nunca. Buscó muy pronto el refugio de los terrenos de chiqueros pero ni ahí fue capaz de sujetarse. Fue y vino por toda la plaza sin descanso. Novillo para pasar un trago y novillero con escasos recursos para afrontar la ardua papeleta. Terminó a la deriva y desbordado, con el animal cada vez más poderoso; recibió el aliento de la afición en plena amargura de un duro y desesperante reto. Se llevó una de las ovaciones más sinceras y rotundas de la noche por su desparpajo y por su escasa fortuna.
 
Manuel Ponce pasó apuros con el segundo al que recibió con una larga a porta gayola. Acusó problemas en la vista y arrolló. Firmó un inicio por bajo con seguridad y mano baja después para tratar de demostrar quién mandaba allí. Tuvo el mérito de imponerse ante la dificultad, mientras el torete enseñó la virtud de humillar. Por el izquierdo ofreció más complicaciones, embistió a oleadas. El pacense tuvo el mérito de llevarlo tapado, dejarle la muleta en la cara llegándole mucho al hocico para mandar, sin que viera más que tela roja, y también valor para aguantar miradas y parones en pasajes de compromiso. Mató con más eficacia que ortodoxia y buena colocación y fue el que amarró de una tacada las dos primeras orejas del certamen.
 
Faena de mérito y valor la de Manuel Perera, de mayor ciencia y gusto resultó la de Rafael León, que dejó pasajes de enorme belleza con que jabonero de Esteban Isidro que cerró plaza. Gacho, punto cubeto, de redondas formas y armónicas hechuras puede que haya sido hasta el momento el más bonito y mejor presentado de los ocho que han desfilado por La Glorieta en los últimos jueves de toros. Remató con fijeza y abajo en los burladeros de salida; bravo, pronto y arrancándose de largo desde el principio, las primeras tres cuartas partes de su lidia fueron espléndidas. Centrado siempre. Con oficio en toques y alturas, además de suavidad en el vuelo de la muleta, a Rafael León le faltó sentirlo un poco más en los primeros compases pero su actuación fue cogiendo entidad y calado poco a poco. Tuvo la virtud del temple que no sirvió para que el novillo se terminara rajando cuando el torero ya iba lanzado. Perdió la batalla el novillo que se rajó a la penúltima. A partir de ahí brotaron unos bellos ayudados por alto finales de los que se acomodan en la retina de cualquier buen aficionado. El toreo más caro del certamen se rubricó con una certera, contundente y espléndida estocada. La noche fue suya y el triunfo sonó por malagueñas en La Glorieta.
 
 
LA FICHA
Jueves, 12 de julio. Segunda clase práctica nocturna del certamen Destino La Glorieta. Cerca de 5.000 personas con los tendidos abarrotados en noche templada y de agradable temperatura.
 
4 ERALES DE LA GLORIETA (1º), encastado, bravo, con carácter, duración y movilidad; JOSÉ CRUZ (2º), encastado y con dificultad; ALDEANUEVA (3º), arisco, mansurrón y huidizo; y ESTEBAN ISIDRO (4º),  de excelente juego mientras duró porque se rajó al final.
 
RUBÉN BLÁZQUEZ (plomo y oro)
Escuela taurina de Salamanca.
Pinchazo y estocada baja (silencio).
 
MANUEL PERERA (azul turquesa y oro)
Escuela taurina de Badajoz.
Estocada delantera y baja (dos orejas tras aviso).
 
EMILIANO ORTEGA (marino y oro)
Escuela taurina de Lucena, Córdoba.
Tres pinchazos, media docena de descabellos (fuerte ovación con saludos tras aviso).
 
RAFAEL LEÓN (grosella y oro)
Escuela taurina de Málaga.
Buena estocada (dos orejas).
 

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