TOROS

Juan del Álamo salda su primera tarde en San Isidro con una ovación

Se lidió un extraordinario sobrero de la ganadería salmantina de José Cruz que no aprovechó David Mora y fue silenciado

14.05.2018 | 20:04
Juan del Álamo, antes de iniciar el paseíllo.

Juan del Álamo saludó una ovación en su primer compromiso en la plaza de Las Ventas, tras estoquear a Saleroso, un toro noble de Las Ramblas al que le faltó un mayor punto de intensidad y humillación pero que tuvo calidad en sus embestidas. El diestro mirobrigense le dejó un buen saludo capotero, donde el toro se paró muy pronto, pero le robó lances de uno en uno antes de apretarle en tres sabrosas medias verónicas que encontraron el eco en el tendido. Hizo apuntar buenas cosas el pupilo de Daniel Martínez y Juan del Álamo le firmó un gran inicio de faena con pases genuflexos en los que destacaron los inspiradísimos por el pitón izquierdo. Parecía lanzarse el trasteo, pero no. De ahí en adelante la faena no tuvo continuidad, solo una tanda por el pitón derecho en el ecuador, y poco a poco se fue aguando hasta quedar en nada. Ni acertó la tecla el torero ni terminó de entregarse el toro manchego. Lo mató con eficacia y solvencia y ahí quedó todo.

Juan del Álamo cerró su actuación con el manso y deslucido quinto sin apenas opción. Manso, huidizo y sin ninguna gana de embestir, el torero salmantino firmó un trasteo tesonero que no captó la atención del público. Muchos muletazos para tratar de plantar batalla a un toro que no la quiso en ningún momento. Se impuso la sosería del toro y la apatía del conjunto en una segunda baza en la que no hubo posibilidad más que de finiquitarlo con contundencia con la espada. Tras el arrastre del toro, Juan del Álamo fue silenciado por la parroquia venteña después de su tesonera labor. Tras esta primera actuación, el mirobrigense volverá a Las Ventas el próximo sábado para enfrentarse a un encierro de la ganadería de Alcurrucén.

Con anterioridad, en cuarto lugar, se lidió un sobrero de la ganadería salmantina de José Cruz que dio un juego extraordinario, por nobleza, repetición, calidad y humillación en sus embestidas. Con él, David Mora no logró entenderse, después de una faena larga con demasiados altibajos en la que acumuló muletazos sin que la emoción trepara por los tendidos. Al final quedó la sensación de que el toro se fue con las orejas al desolladero. Y se convirtió en el gran protagonista de la tarde.

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