21 marzo 2019
  • Hola

Que vienen los malos

11 ene 2019 / 04:45 H.

Los socialistas y afines han montado en cólera después de comprobar que el desalojo de Susana Díaz y de los 40 años de socialismo, es un hecho cierto. Lo que puede salir tras cuatro décadas de una estructura clientelar que pasaba por alto cualquier atisbo de corruptelas, puede ser muy perjudicial para los intereses del PSOE de Sánchez por mucho que la lideresa andaluza haya sido su íntima enemiga.
Y una vez superada la pataleta inicial, con declaraciones gruesas sobre un partido que, guste más o menos, es absolutamente democrático, viene la etapa de la ira y la furia desproporcionadas con llamadas a la revolución feminista, sin darse cuenta de que cuanto más se insulte al voto soberano de los andaluces y españoles, más se alimenta a Vox.
Los socialistas están atravesando un duro duelo, como cualquiera que sufre una pérdida. El PSOE ha perdido el poder omnímodo, casi casi absolutista de un reino que parecía invencible e infranqueable. Lo que ocurre es que además del duelo, están sufriendo una amnesia transitoria que les ha hecho olvidar que solo hace seis meses asaltaron el poder con una moción de censura apoyada por nada menos que por ocho partidos y que le permitió a Sánchez asentar sus posaderas en el gobierno gracias a los amigos de Eta, es decir Bildu, y a todas esas siglas independentistas que intentan acabar con el país que gobierna con tanto orgullo el actual líder de los socialistas.
A mí personalmente me gustaría que el PSOE y el PP tuvieran capacidad para entenderse cuando la aritmética electoral no le diera los votos suficientes y necesarios para gobernar en solitario. Pero este deseo también lo tenía hace año y pico, cuando los separatistas dieron el golpe de Estado o hace seis meses cuando Sánchez vio la oportunidad de hacerse con el poder que le habían negado las urnas y no le importó aliarse con los partidos más radicales y estrambóticos del panorama nacional. Si entonces fue democrático y respetable, hoy con mucho más motivo.
Vox no es ni de lejos comparable a cualquiera de los partidos que no respetan la Constitución, las leyes o las instituciones democráticas, ni con aquellos que han amparado la violencia del terrorismo de Eta —ayer mismo el líder de la formación proetarra de EH Bildu, Arnaldo Otegi, aprovechó la enfermedad del expresidente de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana, para pedir la libertad de los presos etarras enfermos—. Para los socialistas y podemitas será comparable, pero para mí y para la mayoría de los españoles, no.
Vox tiene mucho de estrafalario, de extravagante y tal vez de ilusorio, pero hoy por hoy no me produce ningún miedo. No han matado a nadie, defienden las leyes, no han prostituido la Constitución. Tan solo han planteado cuestiones extremas que pueden satisfacer a un sector de la sociedad harta y cabreada en un momento dado. Digamos que Vox es el desahogo, la respuesta al enfado ciudadano y a la provocación de los partidos separatistas y de la izquierda radical.
La llegada de Vox a las instituciones no es el apocalipsis como algunos vaticinan. Que se vayan acostumbrando los agoreros que llevan desde hace días voceando que llegan los malos. Que se serene Irene Montero, que recién incorporada de su doble maternidad, se estrenó llamando a la revolución feminista en Andalucía, que es tanto como insultar a las mujeres que el 2 de diciembre votaron al partido de Abascal, que seguro que también las hubo. A pesar de lo que pueda creer la pareja sentimental de Pablo Iglesias, hay muchos jóvenes que se han desencantado de las políticas contradictorias de los podemitas como ella, que se han hartado de sus tomaduras de pelo y están dispuestos a votar a Vox. Tal vez sea por desahogo, pero lo harán y no es ni más ni menos que lo que están reflejando las encuestas: Vox está en alza y el partido de don Pablo Iglesias y de doña Irene Montero va a la baja.
No me gustaría que Podemos-Ganemos entrara en los gobiernos, ni Vox tampoco. Pero si no me quedara más remedio, me quedo con los segundos, me dan mucho menos miedo.