17 marzo 2019
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Las víctimas salmantinas de la talidomida ven la luz

Los afectados por el fármaco observan ilusionados, pero con prudencia, el anuncio de la ministra de Sanidad de elaborar un registro que dé paso a indemnizaciones y pensiones

04 ago 2017 / 19:58 H.

Manuel González observa con nostalgia una fotografía de su infancia. En la instantánea aparece apoyado junto a una moto que nunca podría conducir. Nació sin tres dedos en la mano izquierda y más corta que la derecha. "No podía ni puedo atarme los cordones de los zapatos", pone como ejemplo de uno de los impedimentos que le provoca esta amputación.

Manuel es uno de los cuatro afectados por la talidomida en Salamanca que forma parte de la Asociación de Víctimas (Avite). La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, anunció a los afectados la creación de un registro de afectados antes de final de año, en colaboración con las comunidades autónomas, y a destinar una partida en los presupuestos de 2018 para resarcir el daño causado con pensiones e indemnizaciones. La ´talidomida´ funcionaba como sedante y calmaba las náuseas durante los primeros meses del embarazo desde que una farmacéutica alemana lo empezó a aplicar en 1957. Las madres comenzaron a dar a luz a niños con focomelia, una anomalía congénita caracterizada por la carencia o excesiva cortedad de las extremidades.

González ve con "ilusión" estos avances aunque se muestra "prudente", a la espera de que se materialicen. "Han sido muchas promesas incumplidas y varapalos judiciales. Tenemos que ser cautos", confiesa tras escuchar a la ministra de Sanidad. Reconoce que el Real Decreto del año 2010 impulsado por el Gobierno del PSOE "fue insuficiente porque solo reparaba daños desde 1960 a 1965".

Manuel se enteró con 52 años en 2010 que podía ser víctima de la talidomida. Hasta entonces pensaba que una rareza. Escuchó por la radio al presidente de Avite hablar de las acortaciones de las extremidades y otras patologías con las que él coincidía. Su madre nunca le había dicho que la amputación que sufría podía ser debido al uso del fármaco para reducir las nauseas del embarazo. Hace un mes recibió la certificación que por primera vez reflejaba la relación entre la malformación de sus extremidades y la talidomida. Cuando se dirigió a la empresa alemana encargada de fabricar el medicamento recibió una respuesta, cuanto menos, inquietante: "Me dijeron que la talidomida no se vendía en España en el año 1958 que nací, cuando se venía comercializando desde 1957, y me pidieron la receta y el medicamento, algo imposible medio siglo después", reconoce.

Cuando Manuel inicia sus clases de 1º de la ESO en el instituto siempre tiene que hacer una parada en la presentación para evitar que las miradas de los alumnos se queden presentes en su mano durante todo el año. "La respuesta siempre es la misma: nací así", sonríe sin disimulo tras haber repetido la historia miles de veces.

La última confirmación de que es afectado de talidomida le llegó con un análisis genético para verificar que la malformación no era hereditaria. A la hora de la valoración de las indemnizaciones, Manuel señala que "sería justa" la pensión que se fijó en una primera sentencia judicial, pero que finalmente fue revocada: 20.000 euros por cada porcentaje de discapacidad que tengan los afectados. Confía en que el Gobierno actúe para ayudar al medio millar de afectados en todo el país. Los varapalos no le dejan aún confiar del todo. "Hasta que no vea la partida en los Presupuestos Generales del Estado, no lo creeré", aunque confiesa que el anuncio ha sido un motivo para la "esperanza".