20 marzo 2019
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VESTIRSE PARA LA OCASIÓN.

18 dic 2018 / 04:45 H.

El pasado viernes, para celebrar el gesto de despedida de cariño del diputado Alberto Rodríguez de Podemos –que, por cierto, parece un tipo encantador- con el del PP Alfonso Candón, se le entrevistó en Espejo Público. Y, cómo no, como él es casi más conocido como "el diputado de las rastas", que por su propio nombre, una parte de la mesa celebró que el Congreso hubiera adquirido normalidad y ahora hubiera incluso quien -y cito textual- "llevara los pantalones bajos y los riñones al aire". Bien. Juan Manuel de Prada se mostró en contra de esas indumentarias fuera de escenario. Y yo también. No es que me molesten las rastas o las maneras de vestir más casuales, en absoluto. De hecho me gustan las rastas desde que era joven, no llevo tatuajes aunque me encanten porque creo que me han pillado fuera de edad y me siento mucho más cómoda con unos vaqueros y una camiseta, que con cualquier otro "disfraz". Sin embargo entiendo que los códigos de vestuario tienen su razón de ser, que vestirse según el horario, el lugar y la ocasión es un acto de delicadeza para con los demás, que siempre se agradece. Está claro que el tiempo y la evolución lleva a que las indumentarias sean menos rígidas, a quitarse las corbatas en las oficinas o en el Congreso; pero de ahí a vestirse igual que si se va de acampada con unos amigos va un mundo. Lo curioso es que ahora pretende asociarse a los "buenos" con los que no llevan corbata y a los que roban con los que van trajeados y esto vuelve a ser lo mismo de antes, pero al revés. Antes parecía que los que iban mal vestidos o con elementos a los que no estábamos acostumbrados –un pendiente, un piercing, el pelo largo etc., etc.- eran sospechosos y ahora lo son los que llevan traje. Como siempre es un juicio oportunista que señala a los que son diferentes o eligen ser diferentes. Yo creo que la diferencia está muy bien. Y que los buenos o los malos lo son independientemente de cómo se vistan y que no hay que catalogarlos por cómo lo hagan. Pero cargarse los códigos de vestuario no hace a nadie mejor ni le vuelve más del pueblo; además, el clasismo puede estar, precisamente, en ese empeñarse en no arreglarse para el momento y pretender enseñar que se es del pueblo. Como bien apunta el escritor Juan Carlos Chirinos, "Sócrates se acicalaba para ir a la casa de Alcibíades –hay que ir bello a la casa de los bellos- y mi abuelo se hubiera puesto corbata para ir a la Asamblea. Y era campesino".