19 marzo 2019
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Como las vacas al tren

14 ene 2019 / 04:45 H.

Allá por los años setenta en mi pueblo, tres compañeros y amigos recorrían, como cada día antes de ir al colegio, uno de los puentes que hacen que la localidad de Redondela sea conocida como villa de los viaductos. Aquel día y contra todo pronóstico, en un alarde de puntualidad inusitada y poco conocida en lo que entonces se llamaba la Renfe, el tren hizo aparición sorprendiendo a los tres muchachos que entre el susto y los nervios poco pudieron hacer, salvo tratar de sujetarse a unos cables y una red medio podrida que no aguantó el peso. Tras resistir como pudieron durante unos minutos, fue inevitable que uno a uno fueran experimentando la caída libre desde una altura de 32 metros. Salvo alguna fractura no hubo que lamentar más daños personales. Los tres con la ayuda del lodo del río, la marea estaba baja, y algún ángel de la guarda, salvaron la vida.
Hoy me vino el recuerdo de aquel episodio de mi infancia al hilo de otro puente, este a modo de apellido, el del alcalde de Valladolid. Puente, don Óscar, se ha venido arriba y ha barrido para casa sin darse ninguna importancia y superando con creces a su predecesor, que dicho sea de paso, no se cortaba un pelo en arrimar el ascua a su sardina, es decir, en hacer lo posible por calentar Valladolid. Me quito el sombrero ante ambos, lo plantean fatal y les pierden las formas, pero también pierden esa parte del cuerpo donde la espalda olvida su honesto nombre por lograr lo que puedan y más para su ciudad.
Hoy por primera vez me alegra que, ante tamaña salida del Puente de Valladolid, salten y se rebelen, se indignen un despierten quienes han de defender los intereses de Castilla y León y de un modo especial los de nuestra querida Salamanca. Ya está bien de dar la callada por respuesta, es hora de salir del letargo largo, casi eterno, en el que duerme plácidamente Salamanca. No estaría de más que por una vez y no por última el tren del empleo, de la industria, del presente, del futuro,€ pasara puntual e hiciera parada en nuestra capital y provincia. Ya son muchos años culpabilizando a un obispo y lamentando que la Renault no esté en Salamanca. No soplan vientos favorables en esta España, ni en la Castilla ni en la Salamanca de hoy, pero dicen que la necesidad agudiza el ingenio. Quizá nos falta eso, sentir la necesidad. La necesidad de ser y estar, la necesidad de hacer algo, de vivir algo, de sentir algo, de crear algo. Necesitamos puentes de verdad, es hora de tenderlos entre todos, de lo contrario estamos condenados a continuar llegando tarde o simplemente a mantenernos estáticos, como se suele decir, como las vacas mirando al tren. Apelo a la conciencia de todos y en especial a la de nuestros políticos, que sintamos la necesidad de defender nuestros intereses con espíritu solidario y visión de futuro.