17 junio 2019
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La última morisqueta

30 jul 2014 / 04:45 H.

En la vida los desengaños son frecuentes, pero los hay menores y los hay mayúsculos. Últimamente me he tragado dos chascos monumentales, el del mejicano fundador de los Legionarios de Cristo –Orden de enorme predicamento en Salamanca„, cuya detestable doble vida se descubrió tarde y con enorme desconsuelo de Roma y toda la Iglesia, y hace unos días el de Jordi Pujol, al que llamaba frívolamente "mi tío Jordi" porque el primer pariente que llegó a la Sierra de Francia se apellidaba Estella Pujol. Cinco minutos antes de que la Agencia Tributaria lo dejara en cueros, ha dado la cara, como siempre haciendo visajes, morisquetas, pero sin intención de devolver la pasta, intentando salvar de varios delitos a su mujer e hijos, sabiendo que hay prescripción de bastantes anualidades, confiando en sus abogados, y seguramente otra vez ¡en Madrid!. Porque del asunto de Banca Catalana le libró Felipe González. Costó la renuncia honesta del Fiscal del Reino Burón Barba. Su letrado fue el catedrático de Derecho Penal de Barcelona Joan Piqué, que acabó en la cárcel por extorsionar a empresarios, en connivencia con el juez Estevill, al que Cataluña había tenido en el Consejo General del Poder Judicial. Parece un relato de ficción, pero ha sucedido en España.

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