05 diciembre 2019
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No se puede tolerar

10 dic 2013 / 13:27 H.

La mayoría de españoles no entendemos que se nos pidan más sacrificios cuando los que detentan el poder no dan ejemplo. Existe un clamor popular que pide que los políticos se bajen el sueldo, se reduzca el número de diputados, se elimine el Senado, se acabe con los cargos de confianza, y así un largo etcétera de medidas que, no serán la panacea, pero sí transmitirían a la ciudadanía la idea de que estos personajes que nos desgobiernan son los primeros en arrimar el hombro. Los políticos han cogido la costumbre de usar la subida de impuestos, el recorte de prestaciones y la bajada de sueldos de los funcionarios como la primera opción cuando debería ser la última tras haber quemado el resto de naves.

Mariano Rajoy no sólo no se ha atrevido a abrir ese melón, sino que ha hecho unos tímidos recortes en cargos públicos, concretamente en concejales, que son un insulto a todos los ciudadanos. Ese ajuste significa en la provincia de Salamanca que se vayan a sus casas 700 ediles de los que sólo tienen sueldo un 12%. Se trata de hombres y mujeres que, sin recibir nada a cambio, de desviven por sus pueblos, unos pueblos que en muchas ocasiones están sumidos en el olvido. ¿Con qué cara va a mirar el jefe del Ejecutivo a esos concejales que borra del mapa mientras el número de parlamentarios nacionales y autonómicos sigue intacto?

Si Rajoy considera que todos estos recortes que le propone la calle son sólo parches de cara a la galería, yo le doy otra idea: el desmembramiento de lo que fue el mayor error de la Transición, el estado autonómico. Se ha demostrado que la culpa de nuestro elevado déficit es causa del mal uso que han hecho las autonomías de los fondos públicos. Un pozo sin fondo que no se ha cuestionado en tiempos de bonanza, pero que ahora hay que revisar a fondo. La propia Soraya Sáenz de Santamaría ha dicho que no hay que tener miedo a tocar lo que hasta ahora se consideraba intocable y la alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, cree que es hora de revisar el modelo del Estado. Ya no somos unos locos los que pensamos que llegó el fin del "café para todos" digan lo digan esa pandilla de antiespañoles llamados nacionalistas que sólo se preocupan de sus lenguas, sus embajadas y su historia manipulada. Mientras el presidente del Gobierno no entre de lleno en este asunto, todas sus decisiones y medidas carecerán de legitimidad y será un cobarde negligente ya que, sabiendo dónde está parte de la solución, mira para otro lado mientras hunde en la miseria a medio país.

En lugar de todo eso, Mariano ha hecho lo que siempre dijo que no haría: subir el IVA. Se trata del incremento de impuestos más insolidario e injusto que existe en este país, ya esa subida la pagarán pobres y ricos por igual. Lo peor de todo esto es que frenará en seco el consumo, cerrarán más empresas y por lo tanto habrá más paro. Si eso es lo que busca nuestro presidente, enhorabuena, lo conseguirá. En este caso no queda más remedio que invitar al fraude. Los que nunca hemos dicho lo de "sin factura, gracias" lo vamos a empezar a decir. Es la única manera de plantarse ante esta locura que sólo nos va traer más ruina.

Con este panorama, y viendo que el PSOE de ZP nos dejó España como un solar y el PP de Rajoy la va acabar de rematar, sólo queda una opción: salir a la calle. Pero, no nos confundamos. Esa protesta debe ser sin los cómplices necesarios de la situación que vive este país: los sindicatos CCOO y UGT. Méndez y Toxo son corresponsables de la crisis por callar y dejar hacer a su amigo Zapatero pactando con él hasta la huelga y las manifestaciones. Forman parte de un sistema ponzoñoso del que se benefician como el que más a base de subvenciones, liberados y cursos de dudosa utilidad. Sólo salen a la calle cuando les tocan su bolsillo ya que los españoles (trabajadores y autónomos) les importamos un pimiento. Por lo tanto, la protesta verdadera que busque cambiar las cosas no puede ir de la mano de estos estómagos agradecidos que aprovechan la indignación de algunos para sacar tajada. La respuesta ante esta sinrazón tiene que ser cívica, popular e independiente. Hay que decir muy alto que basta ya y dar un ultimátum a una infectada clase política que está agotando nuestra paciencia.

Unos días después del "miércoles negro" en el que Mariano Rajoy anunció los recortes más infames y denigrantes de la democracia, me decido a escribir unas líneas desde la indignación y la tristeza. La rabia que siento y que he notado en todas las personas con las que he hablado -sean de izquierdas, derechas o centro- empuja a hacerse muchas preguntas, a decir muchos improperios y a pedir una revolución popular que acabe con esta ponzoña política. Pero intentaré que estas palabras sean lo más claras y sensatas posibles.