24 mayo 2019
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TEORÍA DE LA AMORTIZACIÓN

17 jul 2018 / 05:00 H.

Ahora que se acerca agosto y comienzan a aparecer estadísticas estúpidas sobre toda suerte de asuntos (la falta de noticias es lo que tiene), vuelve, como no, esa advertencia sobre los matrimonios, que según se establece en todos los medios, se la juegan en verano. Ya saben: más horas de convivencia, trabajos domésticos mal repartidos, un presupuesto que no llega y se estira hasta el infinito€ El verano no siempre implica el descanso merecido y a veces, entre el aburrimiento, la desgana y el no encontrar el espacio que se necesita, parece que se cuelan las miserias que corroen a las parejas estables. Pero a las mal avenidos, oigan, no a todas. Es decir, las que no soportan el verano y acaban en divorcio seguro que son las que ya andaban a punto de romperse durante las estaciones anteriores y lo habían ido posponiendo, de manera artificial, durante meses o incluso años. No digo yo que no haya que tener paciencia para superar las crisis, en verano o en invierno, pero a veces, si el calor llega a subirnos la temperatura hasta el punto de que nos atrevamos a hacer lo que desde hace tiempo queríamos hacer, la cosa no está tan mal. En "La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez", el filósofo José Antonio Marina habla de la teoría de la amortización que, según cuenta, se da mucho entre los españoles. Se la explico grosso modo. La teoría de la amortización se da, por ejemplo, cuando agarramos un libro, lo empezamos a leer y en la página 20 determinamos que va a ser un suplicio, pero no lo soltamos hasta el final, porque nos ha costado veinte euros y no queremos tirar el dinero. O cuando vamos a un restaurante y pedimos un plato que nada más probar notamos que no sabe bien y no nos gusta, pero que no apartamos, porque sabemos que tendremos que pagar su importe€


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