20 abril 2019
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La peñarandina centenaria que fue a la Guerra Civil por amor

Constanza Sánchez, que este viernes cumplió 100 años, no dudó en acompañar a su marido en el frente de las Navas del Marqués durante la contienda civil

09 feb 2019 / 17:01 H.

Juntos en la salud, en la enfermedad y hasta en la guerra, una historia que podría parecer una novela pero que forma parte de la intensa vida de Constanza Sánchez González, que ayer se convirtió en una nueva centenaria de la provincia salmantina.

Constanza vino al mundo un 8 de febrero de 1919 en la localidad abulense de Carpio Medianero donde pasó su infancia y juventud y donde a los 19 años contrajo matrimonio con Teodosio Gómez, un joven del mismo pueblo que conocía desde siempre. Teodosio trabajaba en Madrid como conductor de un camión de reparto de hielo y Constanza se trasladó a la capital para iniciar una nueva vida junto a su marido.

Apenas unos meses más tarde el estallido de la Guerra Civil trastocó por completo la vida de la joven pareja. "Mandaron a mi marido al frente de las Navas del Marqués y, a pesar de los consejos que me dieron mis padres y mis suegros, yo no lo dudé un instante y me fui con él. Recuerdo que un día estaba guisando y sonó la sirena y tuve que salir corriendo para llegar al refugio", recuerda la centenaria.

Esperando en casa a Teodosio con el temor de que cayera alguna bomba, Constanza pronto supo que estaba embarazada y esa circunstancia motivó el regreso a su pueblo natal donde, una vez acabada la contienda civil, pudo reunirse con su esposo.

A partir de entonces las cosas tampoco fueron nada fáciles en la posguerra y con tan sólo 41 años enviudó teniendo dos hijos a su cargo. "Al lado de casa había un señor que vendía retales y me mandaba clientas a casa para que les confeccionara la ropa y así fuimos saliendo a delante. Mi hijo mayor empezó a trabajar en las oficinas del Ministerio del Aire y el pequeño estudiaba para maestro y siempre han estado pendientes de su madre como yo de ellos", señala.

Tras casarse ambos hijos y perder a las vecinas de toda la vida en Madrid, Constanza decidió venir a Peñaranda donde vivía una hermana y con ella pasó seis años. "Conocí aquí a un señor mayor y pasamos juntos nada menos que 20 años y fuimos muy felices, recorrimos toda España", añade Constanza. Un siglo de vivencias permanecen en su mente con asombrosa claridad y su elegancia en el vestir denota las excelentes manos que ha tenido siempre para la costura y bordado que le enseñó su madre como la mejor herencia.



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