11 diciembre 2019
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El parásito nacionalista

18 feb 2013 / 17:16 H.

Si algo nos ha enseñado esta grave situación es que el modelo del "café para todos" de la Transición está agotado y el sistema tiene que girar hacía una recuperación de competencias por parte del Estado central, especialmente en áreas clave como la Sanidad y la Educación. El pozo sin fondo que es la España de las autonomías no aporta nada bueno y sólo sirve para saciar los deseos napoleónicos de unos cuantos populistas que se creen que viven en el poblado de Asterix.

El peso que tienen en nuestro país los nacionalistas se ha ido gestando con el tiempo de la peor manera posible. Al igual que Estados Unidos dotó de armas a Bin Laden en un principio y los países occidentales le bailaron el agua a Gadafi, PP y PSOE posibilitaron en su día que el monstruo separatista creciera con fuerza. Basta con recordar los pactos de Aznar y Felipe González con dos de los personajes más cancerígenos de nuestra democracia: Jordi Pujol y Xabier Arzalluz. En lugar de ponerse de acuerdo para aprobar una nueva Ley Electoral que redujera el poder de esta peligrosa tropa, los dos partidos nacionales se dedicaron a salir del paso cuando no tenían mayoría absoluta apoyándose en el nacionalismo y a la vez dándole alas para caminar hacia su último objetivo: la destrucción de España.

Como se suele decir, de aquellos polvos vienen estos lodos y ahora nos encontramos con un PNV más radical que nunca, los proetarras de Bildu crecidos gracias a su chantaje al Estado de Derecho y el falso cese de la violencia de ETA, con CiU anhelando la independencia mientras está podrida por la corrupción y ERC frotándose las manos por tener cogido de sus partes a Artur Mas. Sin duda un panorama desolador que se debería cortar de raíz aunque intuyo que es demasiado tarde.

Pero no sólo PP y PSOE son cómplices de esta infamia, la inoperante Unión Europea, que tanto se inmiscuye en algunos asuntos internos de España, calla ante esta escalada nacionalista. En lugar darles la espalda, permite que abran embajadas de sus regiones y no deja claro que una Cataluña y País Vasco independientes jamás podrán tener sitio en la UE. En un mundo globalizado en el que los países tienen que hacer piña para superar los retos futuros, es intolerable que algunos intenten volver a la época de las invasiones bárbaras.

El parásito nacionalista no tiene sitio en la España del mañana y por lo tanto el Gobierno tiene que ser valiente para ahogarlo y eliminarlo. De lo contrario, seguirá chupando la sangre a un país roto para intentar volar hacía tierra de nadie jugando con las ilusiones de muchos ciudadanos manipulados y engañados.

Los nacionalismos separatistas que sufre España procedentes de las denominadas como nacionalidades históricas -aunque más bien son histéricas- son una de las lacras más importantes de la actualidad. Se trata de un parásito que ha ido creciendo con la connivencia de los dos grandes partidos y que se sustenta en una Ley Electoral injusta y antidemocrática. En estos momentos de crisis, el parásito nacionalista se ha mostrado más destructor ya que intenta mantener un sistema descentralizado que es económicamente inviable y supone una merma en los servicios públicos básicos.