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Un Papa para la esperanza

18 mar 2013 / 12:28 H.

Al margen de todo eso, Francisco tiene un don especial que puede convertirlo en un Pontífice aún más carismático que Juan Pablo II: sabe comunicar. Sus gestos, su capacidad de improvisación, su claridad y las anécdotas que introduce en momentos puntuales de su discurso son un arma valiosísima que tiene que saber aprovechar. El primer Papa jesuita y latinoamericano de la historia puede que sea también el primero en hacer otras muchas cosas muy positivas si el sector más conservador que le rodea se lo permite.

Tras conocer los pormenores de la marcha de Benedicto XVI, los ciudadanos tienen claro que algo huele mal en el Vaticano desde hace tiempo. El anciano Ratzinger se marchó espantado por las cosas que vio y que no fue capaz de atajar a pesar de su buena voluntad. Su sucesor tiene ahora esa "patata caliente" encima de la mesa y debe apartarla con mucho tacto y sin provocar un cisma. Es de sobra conocido que ese sector más retrógrado no ha recibido de buen grado el nombramiento de Francisco y no se lo va a poner nada fácil. En juego está el futuro de la Banca Vaticana, un organismo que ha centrado todas las corruptelas y conspiraciones de los últimos años en esa zona de Roma. También los católicos esperan que se acabe de expulsar a los sospechosos de haber protagonizado los horrendos casos de pederastia. Y por último están el resto de infamias que aparecen en el informe secreto encargado por Benedicto XVI y que, a buen seguro, puede horrorizar al nuevo ocupante de la Silla de Pedro.

Estos problemas internos unidos a la persecución que sufren los católicos en muchas zonas del mundo, la galopante pérdida de fe y valores de numerosos ciudadanos de Occidente y el predicamento que están ganando nuevas y variopintas creencias hacen que Francisco tenga una tarea muy complicada por delante.

El escenario que tiene ante sí Jorge Mario Bergoglio es muy similar al que se encontró en su día Juan Pablo I, y la personalidad de ambos pontífices guarda muchas similitudes. El difunto Albino Luciani llegó a la Silla de Pedro después de protagonizar una vida basada en la humildad y quiso alejar a la Iglesia del poder y acercarla a los pobres. Dos características que tiene Francisco, aunque esperemos que no acabe envenenado a los 33 días de Pontificado como le ocurrió al Papa de la sonrisa, el bueno de Juan Pablo I.

Tengo que reconocer que la impresión que me ha generado el Papa Francisco en sus primeros días de pontificado no ha podido ser mejor. Su vida marcada por la humildad y la sencillez y sus palabras en pos de una Iglesia "pobre y para los pobres" han demostrado que estamos ante un soplo de aire fresco en el anquilosado Vaticano. A pesar de sus 76 años, Jorge Mario Bergoglio puede ser el Papa que adapte, de una vez por todas, la Iglesia a los nuevos tiempos y sea capaz de hacer una profunda limpieza en la podredumbre que ha inundado a la Curia. No espero ni mucho menos una revolución, pero sí un cambio progresivo y tranquilo para que el catolicismo no siga perdiendo fieles año tras año.