14 octubre 2019
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Un ministro pardillo

09 ene 2019 / 11:15 H.

El ministro del Interior es un poco pardillo, que es lo peor que se puede ser cuando se trata del jefe de los servicios policiales y de espionaje de un país. Se puede ser malo, siniestro, sibilino, retorcido, hábil, torticero, impenetrable y hermético, pero no pardillo.
A nadie le puede extrañar que el ministro del Interior decidiera hace dos años buscarle las cosquillas a los nacionalistas que pretendían (y pretenden) romper España y que lo hiciera justo antes de que se celebrase la consulta separatista en Cataluña, pero solo al inefable Jorge Fernández Díaz se le ocurre reunirse con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, al que nombran y destituyen los separatistas catalanes, para organizar el tinglado.
Alguien le ha grabado a alguien y las apuestas están tres a uno a favor de Daniel de Alfonso, que en la misma cinta confesaba que él era muy español, pero que tenía que comer en Cataluña. Y en el país de Pujol y Mas comer, comer bien, solo comen los de su cuerda. Siempre ha funcionado el ´dime quién te nombra y te diré de quién eres", una norma con escasas y muy honrosas excepciones.
En fin, que a Fernández Díaz se metió en un charco lleno de culebras y al final le ha traicionado la especialidad del Ministerio, que son las grabaciones. Al titular de Interior le hubiera bastado con desatascar las investigaciones que durante décadas permanecieron estancadas para no cabrear a los nacionalistas de bien, esos como los de la familia Pujol que arrimaban un hombro para sostener los gobiernos de la nación mientras con el otro acarreaban sacos y sacos de billetes de quinientos euros con destino Andorra, Suiza y otros paraísos.
Había tanta basura acumulada en los lodazales de la Generalitat y el Liceo como para no tener que arrebañar en otros charcos menores, pero Fernández Díaz decidió ir a por todas, y le pillaron con el ´recording´ enchufado.

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