21 marzo 2019
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La mimbre en Salamanca ya no es lo que era

A día de hoy apenas se cultivan 25 hectáreas en toda la provincia de una planta que fue el gran sustento económico en la zona de Las Villas

09 ene 2019 / 17:56 H.

Su particular y llamativo tono rojizo llama la atención entre los cultivos de maíz que rodean a las escasas plantaciones de mimbre que sobreviven a día de hoy en la provincia salmantina.

"Nosotros hace diez años teníamos 13 hectáreas propias y llevábamos unas 25 en total mientras que ahora propias tenemos 10 y en total llevamos unas 15", comenta Tini Sánchez, uno de los últimos productores que quedan en la zona de Las Villas.

Desde el pasado 3 de diciembre se vienen realizando las labores de corte de la planta, unas tareas que se prolongarán hasta el 15 de marzo y que coinciden, además, con los meses más fríos del año. "En esta zona de Las Villas hay como unas 20 hectáreas y en toda la provincia yo creo que no superan las 25. Hace 10 o 15 años había unas 40 en Las Villas y medio centenar en la provincia, lo que muestra cómo está la situación de la mimbre a día de hoy", añade.

Tini Sánchez reconoce, además, que "el descenso en el número de hectáreas de mimbre que se cultivan en la provincia de Salamanca se debe principalmente a que es un trabajo duro y poco mecanizado que la gente no quiere hacer. Las plantaciones que quedan son viejas y hacer plantaciones nuevas preparadas ya para la maquinaria actual es costoso y nadie se arriesga", reconoce.
La faena a pie de campo, con nieblas y temperaturas bajo cero, requiere además la destreza a la hora de cortar las varas de mimbre para que la planta las siga produciendo en años sucesivos. Las varas se van amontonando en la propia parcela a medida que se van cortando para su atado y posterior transporte.

La mimbre fue durante décadas el gran sustento económico de Las Villas con un gran número de talleres de artesanía en pueblos como Cantalpino, Villoruela o Villoria, entre otros y de los que ya sólo queda un recuerdo entre los mayores.

Cestería y muebles eran el destino final de una mimbre muy apreciada por su calidad y con unos excelentes acabados que se cuidaban hasta el último detalle. La competencia asiática arrasó casi en su totalidad un sector que no pudo hacer frente a los precios asiáticos y el declive llega ahora hasta el primer eslabón de la cadena como es el propio cultivo.

La drástica e imparable reducción de las hectáreas sembradas condena a la mimbre a su desaparición en pocos años, tal y como reconocen muchos de los artesanos que tuvieron en ella su medio de vida hasta su jubilación.

Tini Sánchez ha logrado encontrar una salida con la fabricación de cercados para fincas y viviendas unifamiliares y a ello destina la mimbre de las 15 hectáreas que tiene en esta campaña y que le convierten en el último superviviente de un sector que, por desgracia, pasará a la historia.



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