05 diciembre 2019
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Hay que cortar por lo sano

27 ene 2013 / 11:45 H.

Este heredero de la corrupción más mugrienta de Jordi Pujol que se cree la reencarnación de Maciá o Tarradellas sin llegarles a la suela de los zapatos, está sobrepasando todos los límites de lo aceptable. Sólo en un país decadente y sumido en una profunda crisis de valores como es España tiene cabida un personaje que, después de socavar los pilares del estado del bienestar con recortes en los servicios básicos, se permite el lujo de convocar elecciones anticipadas y amenazar con la independencia. Como es lógico el tiro le salió mal, pero su desesperación y su falta de principios es tan acusada que fue capaz de bajarse los pantalones ante los independentistas "de verdad" para diseñar una hoja de ruta que sólo va a llevar al hundimiento de una región próspera como lo fue Cataluña. La mezcla de la corrupción política más insultante (CiU) y de la izquierda más radical y antiespañola que años atrás pidió a ETA que sólo atentara fuera de la comunidad catalana (ERC) da como resultado un cóctel molotov que estallará más tarde o más temprano.

La amenaza de una consulta ilegal en 2014 -que sería todo un éxito para el independentismo ya que sólo irían a votar ellos- es una intimidación que el Gobierno del PP tiene que cortar de raíz antes de que se les vaya el asunto de las manos. Hasta ahora Rajoy se ha mostrado demasiado tibio y amordazado por los complejos que le llevan acompañando durante toda su carrera política. Pero lo cierto es que los españoles merecemos un Ejecutivo que ponga las cosas claras y no permita tonterías en un momento muy delicado para nuestra economía. Considero que no se le tiene que dar demasiada publicidad a la locura de Mas y Junqueras, pero cuando tengan la desfachatez de convocar oficialmente la consulta se debe actuar. En primer lugar imputando al presidente de la Generalitat por un delito de prevaricación al convocar un referéndum a sabiendas de que es ilegal. Y en segundo lugar aplicando el artículo 155 de la Constitución por el que el "delfín" de Pujol sería destituido y el Gobierno central tomaría el mando de Cataluña. Esas son las únicas salidas a la provocación. Aquí no vale el diálogo, ni la mano izquierda ni el talante "zapateril". Llegados a este punto sólo se puede recurrir a la mano dura, pero con el respaldo de la ley.

En este escenario me pregunto cuál será la postura de un PSOE al que siempre le gusta estar en misa y repicando, algo que en este caso es de todo punto inviable. Esa postura de coquetear con el nacionalismo, propugnar el timo de la estampita del "federalismo asimétrico" y a la vez querer defender la unidad de España no va a servir en el caso catalán. O los socialistas recuperan el espíritu de tiempos pasados y apoyan al Gobierno en las duras decisiones que tiene que tomar ante la consulta o se quita la careta y se alinea con la locura de Mas. No valen medias tintas. Además, sería una oportunidad excelente para que el PSOE vuelva al lugar que debe ocupar, el de un partido con sentido de Estado aunque se exponga a una necesaria secesión del PSC.

Los nacionalistas, que son la mayor lacra de nuestro de nuestro país y la principal amenaza de nuestra democracia, han sobrepasado la línea roja. Bien es cierto que PP y PSOE alimentaron al monstruo (como lo hizo EEUU con Bin Laden) cuando pactaron con ellos en los momentos que no tenían mayoría absoluta, pero a lo hecho, pecho. Ahora nadie se puede lamentar de los errores del pasado porque sólo cabe actuar ante los desafíos del presente. España está en juego.

El inaceptable órdago que echado Artur Mas a todos los que creemos en la unidad de España, tras el desesperado acuerdo de gobernabilidad con ERC, es la gota que colma el vaso de años de provocaciones, traiciones, desplantes y odio exacerbado