27 enero 2020
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El gran boicot

08 nov 2013 / 04:45 H.

De nuevo el boicot. La misma canción de todos los noviembres desde el de 2004, cuando la pobre madre de Carod-Rovira estuvo muy presente en toda España después de que su hijo dijera aquello de "nos resultaría totalmente incomprensible que alguien desde Cataluña pudiera apoyar la candidatura de Madrid 2012".
Después llegó en el 2005 la aprobación del Estatuto, el envío de los papeles del Archivo a Cataluña...y el desembarco de Artur Mas en el Gobierno catalán con una sierra en la mano para cortar poco a poco pero cuanto antes su vinculación con el resto de España.
Con demasiada frecuencia desayunamos desde hace años con frases del tipo: "A los 8 años ya tenía muy claro que estaba contra la Constitución española" (Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, el 12 de noviembre de 2012); "la corrupción en Cataluña es una consecuencia de su españolización en las últimas décadas" (Salvador Cardús, ex decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, el 31 de enero de 2013); "si yo fuese español, que no es el caso, también estaría indignado" (Carod-Rovira, exvicepresidente del Gobierno catalán, 16 de junio de 2011); "si España quiere ser una sola nación, tendrá muchos problemas", Artur Mas (17 de julio 2010). Son sólo ejemplos de las mil y una afirmaciones que no han contribuido precisamente a crear lazos.
El clima de indignación es muy alto pero porque desde el Gobierno catalán y gran parte de la sociedad catalana se desprecia todo lo procedente "de España" o todo lo que en su interior "huele" a España. Y así año tras año, boicot tras boicot. En este contexto se entiende que las calles del resto de España se enciendan cuando desde Cataluña se invita a consumir productos catalanes (a pesar de que Castilla y León y otras comunidades hacen lo mismo), y, en cambio, no cuando el Ayuntamiento de Fuengirola prohibe que en su Feria se "pinche" música que no sea en español (¿qué habría ocurrido si el mandato se hubiera producido en Arenys de Mar?).
Artur Mas no escuchó a la ministra Ana Pastor cuando el pasado septiembre le dijo aquello de que "política es el arte de hacer posible lo necesario, pero sobre todo es el arte de no decir nunca tonterías".
Y tonterías se han dicho y hecho muchas y lamentablemente como el Gobierno catalán sigue con la misma hoja de ruta de la confrontación marcada desde 2004 por Carod-Rovira y que enciende al resto de España, en época navideña le pasa una factura especial.
Ahora ha dado la cara Freixenet, posiblemente una de las empresas que menos siente el boicot porque es líder del sector de cavas en ventas en el mercado internacional. Su presidente, Josep Lluis Bonet, quiere ser español pero como su empresa tiene sede en Cataluña (aunque tiene bodegas en otros puntos de España), sufre el boicot de los catalanes por sus creencias y del resto de España por culpa de los Mas, Rovira y compañía. Es la tiranía de los que prohiben los toros porque suenan a español y reciben con "olés" las buenas jugadas del Barça.

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