23 abril 2019
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España no paga traidores

14 feb 2019 / 04:45 H.

En Estados Unidos los delitos de espionaje o traición a la nación se castigan con pena de muerte. Hay que tener en cuenta que en dicho país conviven cincuenta estados sabedores de que son sólo uno, y así actúan; respondiendo a una, y por eso son la primera nación del mundo.
El 21 de enero de 1793, el rey Luis XVI subía los peldaños del cadalso hacia la guillotina instalada en la Plaza de la Revolución —más tarde rebautizada como Plaza de la Concordia— para ser ejecutado por los delitos de «conspiración contra la libertad pública y la seguridad general del Estado».
La Historia demuestra que Roma no paga traidores. El pueblo —que no la nación— de todas las épocas, de todos los tiempos, no acepta la traición igual que no aceptaría tener que tragarse un vaso de hiel.
Hemos visto y vivido un espectáculo deleznable y bochornoso. Pedro Sánchez se ha empeñado en hacer bueno a Zapatero. Este último fue, junto a su secuaz Solbes (ministro de Economía y Hacienda durante las dos últimas crisis económicas españolas), quien hundió a la nación con su inoperante desempeño. Pero Sánchez ha querido ir más allá, ha querido superar con sus felonías a su mentor. Es ambicioso. No ha dudado en intentar sacrificar la unidad española, en pasarse, si le hubiesen dejado, la Constitución por el arco del triunfo. Muere traicionado por aquellos de quienes se pretendía aprovechar. El destino no está carente de cierta ironía. Ha intentado bailar un vals con cojos chaletistas, forajidos y terroristas y todo para poder mantener su gran plato de lentejas, que no era otro que sus posaderas en la Moncloa.
No se engañen, esto no es un tema de siglas ni de espectros del arcoíris ideológico. Esto incumbe a todos, sean ustedes de izquierdas o de derechas, del centro, moderados, anarcocapitalistas, jacobinos, liberales o socialistas, eso da absolutamente igual porque todos ustedes son españoles. No permitan que ninguna sigla abandere sus sentimientos para su propio beneficio. Sean racionales, recapaciten la situación y no permitan que ninguna caterva de truhanes diseccione España al capricho de su herrumbroso bisturí.
Y terminando como empecé me gustaría compartir con ustedes un inspirador fragmento de la declaración de independencia norteamericana que versa sobre los gobiernos tiránicos; "cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad".
A los españoles nos han retenido el derecho legítimo a unas elecciones que ratifiquen un gobierno.
¿Qué será lo próximo que nos dosifiquen?